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4.
EL PENSAMIENTO EVACUATORIO
Es importante diferenciar el concepto freudiano de proyección
de la identificación proyectiva. En el primer caso se
trata de una "externalización" de ideas, impulsos,
afectos y actitudes, mientras que en la identificación
proyectiva se "externalizan" partes concretas del
Yo y de los objetos "internos" con sus correspondientes
contenidos emocionales y ansiedades. En la identificación
proyectiva existe una mutilación y un empobrecimiento
de la propia estructura yoica, y la organización de una
relación complementaria con el objeto sobre el que han
sido depositados tales aspectos. El pensamiento "evacuatorio"
se constituye con preferencia sobre estos mecanismos, por lo
que adquiere una fisonomía singular y específica,
pudiéndose a la par conservar relaciones de otro orden
con otras representaciones objetales. Como venimos señalando,
las identificaciones proyectivas pueden ser intrapsíquicas,
dirigidas a objetos "internos", y en las que el vínculo
se establece entre el núcleo central del Self y una internalización
orbital. En concreto, las defensas maníacas se organizan
básicamente a través de la identificación
proyectiva del núcleo del Yo con objetos orbitales idealizados
y omnipotentes, para desde el interior de los mismos y revestido
de sus cualidades, tratar de forma denigrante a los objetos
"externos" o a otras partes del "sí mismo".
Tanto BION como ROSENFELD (ROSENFELD H, 1988) diferencian una
forma "normal" de identificación proyectiva
de la identificación "patológica". En
la forma normal se introduce en el objeto un estado psíquico
como medio de comunicarse con él acerca de un estado
psíquico doloroso. En la forma "patológica"
esto se produce por la "evacuación" de una
forma violenta de un estado psíquico penoso para obtener
una fantasía de alivio y control intimidatorio del objeto.
La diferencia entre ambos tipos de identificación viene
dada por la violencia del mecanismo y la incapacidad yoica de
"contener" sus propias vivencias.
El pensamiento "evacuatorio", que se da con especial
intensidad en la patología psíquica "grave",
con la siguiente perturbación de la noción de
identidad del sujeto, aparece también en formas más
discriminadas de relación, originando una vivencia "cosificada"
del "sí mismo" y del objeto que perturba en
alto grado la capacidad de empatía en general y en la
propia situación analítica, y en consecuencia,
el logro de los necesarios "puntos de encuentro" para
el proceso de cambio en la "cura". Crea, no solamente
un falseamiento de la propia imagen y de los objetos significativos,
sino una deshumanización y una dificultad de "encuentro"
entre los mismos.
En esta situación de renegación del objeto "externo"
y de utilización del mismo como puro soporte de las necesidades
"evacuatorias", es pertinente plantearse cual puede
ser la naturaleza de la acción terapéutica, y
cuales sus posibilidades. Entendemos que existen dos procesos
que deben ser tenidos en cuenta y que se desarrollan paralelamente.
Por una parte, la conceptualización y la nominación
de las identificaciones proyectivas, más allá
de la significación mágica que se les asigna y
su discriminación en cuanto a la pertenencia, y por la
otra, el reaseguramiento del sujeto mediante la "contención"
y la presencia del analista, que no se destruye por efecto de
esas mismas identificaciones, aportando una confirmación
del carácter ficticio ligado a las mismas. La capacidad
de "rêverie", ahora del analista, y la forma
nueva de relación que posibilita, será la base
a través de la cual el proceso de cambio se hace posible.
Con paciencia y teniendo siempre presente que esta forma "cosificada
y "patológica" de relación, es en ese
momento la única posible para el paciente. Crear y mantener
una relación significativa, especialmente con enfermos
en regresión, es una tarea más importante que
la de dar interpretaciones correctas.
Debemos destacar el hecho de que cuando hablamos de la necesidad
de una actitud interpretativa de las identificaciones proyectivas
del enfermo, hacemos referencia a "señalamientos",
a una función de nominación y de conceptualización
de las vivencias, a "interpretaciones afirmativas",
no a un trabajo de devolución de sus contenidos que supondría
una definición de límites y por lo mismo movilizaría
la angustia de separación. No podemos olvidar en todo
momento, que es este temor lo que mantiene al sujeto en las
"alteraciones esquizoides" de la personalidad. La
permanente negación del analista y la consiguiente agresión
que supone la propia actitud "evacuatoria", sin contacto
humano y sin posibilidades de relación empática,
es lo que hace tan difícil la preservación de
la relación contratransferencial en estos momentos, salvo
que el terapeuta esté muy lúcido respecto a lo
que está ocurriendo y porqué.
En nuestro criterio, la significación de la "contención"
va mucho más allá de lo establecido por MELANIE
KLEIN, al considerar el objeto "externo" como el punto
de partida de un proceso circular que devuelve las identificaciones
proyectivas recibidas en forma de reintroyecciones "reparadoras".
La presencia y la "contención" por parte del
objeto "externo" es la vía por la cual el sujeto
puede concebir una esperanza de "bondad" en su mundo
"interno", pero a la par, es también la experiencia
a través de la cual el sujeto puede elaborar sus fantasías
de omnipotencia y renunciar a sus defensas narcisísticas,
que se hacen innecesarias en la medida en que cesa la amenaza
de separación. Como señala SPEZIALE-BAGLIACCA
(SPEZIALE-BAGLIACCA R, 1988), "...solamente consiguiendo
interiorizar, día a día, un analista no omnipotente,
un analista que para pensar necesita tiempo y una relativa serenidad,
podrá comprender que para ser consciente, para dejar
de reprimir, de proyectar, de renegar, es necesario ponerse
en condiciones de comprender y de pensar los propios sufrimientos
antes de intentar solucionarlos". El paciente solamente
podrá escuchar la interpretación o el "señalamiento"
desde la tranquilidad de la no amenaza de separación
y desde la comunicación a su propio nivel, no del nuestro.
La capacidad del paciente para aceptar la imagen de "sí
mismo" que el analista le ofrece, está directamente
relacionada con su capacidad de confiar en su percepción
de la persona que la presenta, "...cuando la rechaza, no
solamente está rechazando una forma de verse sino también
la figura del analista que le resulta ajena a sus vivencias".
(BROMBERG).
5.
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