Vol. 2, núm. 1 - Marzo 2003     Revista Internacional On-line / An International On-line Journal  

El grupo multifamiliar: un espacio sociomental.

Dr. Jose María Ayerra Balduz (psiquiatra, responsable del Centro se Salud Mental Uribe, Getxo, Bizkaia).
Dr. Jose Luis López Atienza (psiquiatra, coordinador de las estructuras intermedias del Cenrro de Salud Mental Uribe, Getxo, Bizkaia).

Correspondencia:
Centro de Salud Mental Uribe
C/ San Nicolás nº 2
Getxo Bizkaia (España)
Tfno: 00 34 94 491 12 67
e-mail: latienza@euskalnet.net

 
 

 

Resumen

El grupo multifamiliar permite pasar de la comprensión particular a la comprensión común, superando los prejuicios y simplismos culturales: buenos y malos, locos y cuerdos, listos y tontos, exitosos y fracasados. Estos grupos generan un contexto humano y social donde caben las personas y sus necesidades en función de sus momentos vitales. Alo largo de las intervenciones se construye una historia común que llega a "contener" a todos los participantes permitiéndoles integrarse en ella, de algún modo, como protagonistas.

PALABRAS CLAVE:
Grupo multifamiliar, contexto social.

Summary

The multifamily group allows you to go from the individual understanding to mutual understanding, getting over cultural prejudices and oversimplifications: good and bad, madmen and sane men, clever people and stupid people, successful people and failures. These groups generate a human and social context in which the people and their needs fit according to their vital moments. Throughout the interventions a common story is built, which eventually "contains" all of the participants, allowing them to become integrated in it, in some way, as protagonists.

KEY WORDS:
Multifamily group, social context.


Introducción

El Grupo Multifamiliar -GMF- es un lugar de llegada. Es la estructura más sofisticada y compleja de cuantas se han desarrollado (Garcia Badaracco, 1964) (Garcia Badaracco, 1990) para el tratamiento psicoterapéutico de los pacientes mentales graves esquizofrénicos, psicóticos, caracteriales, fronterizos, personalidades obsesivo compulsivas, etc. También es la estructura más poderosa para producir cambios de profundidad en estos pacientes, tan difícilmente modificables con los recursos terapéuticos tradicionales (psicoterapias individuales, de grupo pequeño, de familia)(Ayerra et al., 1993). El GMF las incluye a todas en las mismas coordenadas de espacio y tiempo añadiéndoles una dimensión institucional, comunitaria y social que le es propia y específica.

El camino recorrido

Nos vamos a referir a una experiencia de 18 años de evolución. El camino recorrido hasta llegar a su creación fue largo y no exento de dificultades. Resumiremos. Primero: la experiencia compartida en un hospital psiquiátrico tradicional que nos dio una clara comprensión de "qué no hacer". Fue la mayor contribución que recibimos en el hospital psiquiátrico, en el que estuvimos durante algunos años. Hoy muchos hospitales psiquiátricos han mejorado sus recursos de hospedería y han dignificado las estancias, pero sustancialmente no han cambiado su manera de entender la enfermedad mental, suponiendo en un número elevado de casos más un obstáculo que una oportunidad al servicio de los seres humanos, que requieren su ayuda en un momento especialmente trascendente de su existencia.

Segundo: la creación del Centro de Salud Mental Uribe-Kosta hace 20 años. Uno de los dispositivos asistenciales más novedosos e interesantes, tanto por sus objetivos comunitarios, a los que no hemos renunciado en todos estos años, como a la novedosa y útil estructura organizativa y administrativa, auténticamente acorde con los objetivos. Es esta institución donde hemos podido realizar nuestros desarrollos más creativos. La estructura específica para el abordaje de la psicosis es nuestro Hospital de Día. Un contexto comunitario concebido como comunidad terapéutica, con una dimensión psicoterapéutica dinámica de la psicosis. El evitar los ingresos nos familiarizó con el abordaje de la crisis y con los momentos regresivos de los pacientes. En ello nos fuimos capacitando cada vez más. Si bien los pacientes pasaban con nosotros una parte de su tiempo, la mayor parte de éste lo desarrollaban en el contexto familiar del cual dependía excesivamente nuestro proyecto de evitar hospitalizaciones. Para entonces, no nos cabía la menor duda de que la familia se encontraba implicada de manera decisiva en lo que le pasaba al paciente. Cómo colocar a la familia en la misma dirección en la que queríamos ir, era lo que tendríamos que aprender en la experiencia posterior. Reunir al primer grupo de padres, convocado con criterios psicopedagógicos y de autoayuda, fue la forma que concebimos para implicar en nuestro proyecto a los padres. Primero era escucharles, tranquilizarles, acompañarles, empatizar con ellos y finalmente, llegar con ellos en el trascurso del tiempo a utilizar lo pedagógico sólo como una referencia necesaria a la que apelar en momentos de angustias y tensiones emocionales, difícilmente controlables. Así, fueron abriéndose paso en el tiempo los espacios donde tenían cabida los contenidos íntimos familiares, hasta constituir ellos mismos el sentido de nuestro encuentro de hora y media mensual para convertirse poco a poco en una reunión semanal.

El encuentro entre los padres y los hijos no fue fácil. Los padres traían siempre los problemas de los hijos, convirtiéndose en un discurso circular, donde los causantes de todos los problemas eran siempre los hijos, comienzo y fin de todas las cosas. La inclusión de los hijos, no exenta de grandes dificultades por parte de todos, incluidos los miembros del equipo terapéutico, abrió el discurso a la problemática de la familia y de los padres como individuos y como pareja. Con esta estructura venimos trabajando desde hace 18 años. Es importante reconocer que los problemas no suelen estar del lado de los pacientes, están más del lado del equipo. Los profesionales tenemos muchas más resistencias a andar por caminos no andados y a correr riesgos. No nos atrevemos a investigar. Seguimos los mismos surcos que nos dan otros, sin comprobar si son adecuados. Quizá sea un efecto de la opulencia, que nos infantiliza a todos. Nosotros creemos que el animarse a experimentar desde la intuición es un elemento interesante siempre, y son caminos enormemente atractivos para los equipos.

Supuestos básicos de los que partimos

La cronicidad de los pacientes mentales graves está más en relación con la inadecuación de los recursos asistenciales utilizados que con el devenir de los pacientes (Guimón, 1982). Todos ellos tienen capacidades evolutivas de desarrollo y cambio si el entorno asistencial se lo posibilita. La psiquiatría actual sigue siendo en la mayoría de los casos más un obstáculo que una oportunidad. La cronicidad será una posibilidad que se da en todos los seres humanos, al igual que la posibilidad de entendimiento, integración y cambio. Es muy lamentable observar cómo una persona ve a otra crónica, y cómo esta manera de ver es una hipoteca. Cuando una madre hace una predicción catastrofista de un hijo, el devenir del hijo lo vemos enormemente hipotecado. Si una familia no puede ver las cosas más que de formas catastrofistas, y el terapeuta también, no llegarán a ninguna parte más que a perpetuar la locura y la incomprensión. Muchas veces se nos tacha de optimistas, pero de qué otra manera se puede estar en esta profesión, si no es desde el optimismo. Además nosotros no somos optimistas desde la ingenuidad. Vemos evolucionar a nuestros pacientes y eso es lo que trasmitimos. Lo que también decimos es que hoy en un hospital psiquiátrico o en una unidad de hospitalización es difícil ver evolucionar a los pacientes esquizofrénicos en el tiempo, porque el instrumento no es el adecuado. Es un instrumento que daña sobre todo las capacidades de evolución de estas personas, al no confiar en ellas. Pero es un instrumento que daña también a los profesionales, que llegan con una enorme ilusión a los hospitales psiquiátricos, y al poco tiempo se sienten como carceleros, con una culpabilidad enorme, sin entender nada de lo que les está sucediendo. Esto se observa muy bien en las experiencias de grupo grande, donde las identidades superficiales se nos van, y uno queda sufriendo de las circunstancias ambientales que no puede pormenorizar, y que parasitan las capacidades mentales.

Siempre la cronicidad es un tema polémico. Trabajamos mucho con el tema de la muerte, tanto desde los duelos, como desde la muerte anunciada en enfermedades terminales, realizando experiencias enormemente creativas. A veces, hay personas en las que el lapsus de tiempo entre un diagnóstico de cáncer y su muerte es el tiempo más significativo, y es el único tiempo que han poseído la sensación de haber estado vivos, les ha merecido la pena vivir sólo por ese encuentro con los otros en ese espacio de tiempo. Partimos de la base de que todo es enormemente relativo. Nuestra experiencia es que si a los pacientes se les da la oportunidad, se cogen a ella, y los profesionales también, aún siendo más resistentes que los propios esquizofrénicos.

Entendemos la enfermedad mental en el adulto como un problema vincular, acontecido en los primeros años del desarrollo y sostenido a lo largo del tiempo, con un complejo y patológico entramado de relaciones, pero que tiene posibilidad de revisión y de reversión, siendo necesarias para la salida de la psicosis estructuras de acompañamiento, en el respeto y la diferencia. Existe una evidencia importante, si ponemos a una persona cuerda en un contexto loco acaba pensando y actuando locamente, y por el contrario, si ponemos a una persona loca en un contexto cuerdo, acabará actuando cuerdamente, siempre que se le dé el tiempo suficiente. La realidad social siempre es más poderosa que la realidad interna individual, que acaba trasformándose.

El acompañamiento implica a las personas y contiene. Es fundamental la empatía, la contención emocional y física, las experiencias en la realidad, unas correctoras, y otras inéditas, tanto de gratificación como de frustración. El desarrollo mental siempre se realiza sobre la base del dolor producido por la separación y desaparición de lo mentalizado y sobre la comprensión y elaboración que implica la integración de los espacios parciales.

Espacio en el que se sitúa el grupo multifamiliar

A pesar de que todos los tratamientos que se dispensan en un servicio de psiquiatría extra-hospitalario y comunitario se encuentran entre el adentro y el afuera de la institución, el GMF implica más que ninguna otra técnica el espacio de intersección entre la institución y la comunidad. Son en los límites, en los espacios de confluencia entre lo de adentro y lo de afuera, donde se producen las máximas tensiones y donde la coherencia e incoherencia institucional tendrá su reflejo más evidente y fiel. Siempre consideramos importantes los espacios frontera, porque son los espacios de intersección del conflicto y del cambio. Es éste el lugar del GMF.

El autismo, el cierre al exterior, es la defensa más primitiva tanto en la naturaleza vegetal como animal. Lo mismo que en el ser humano, esta rotura de la comunicación con el medio, llamado autismo, también está presente en las instituciones, generando instituciones totales y sectarias.

Pensamos que lo individual no es diferente de lo familiar. De hecho, el individuo se constituye dentro de la propia familia, y cuando hablamos de grupo interno estamos hablando de esta familia que al principio no estuvo dentro, sino que estuvo fuera. Los mismos fenómenos que se dan en el individuo se dan en la familia y en el contexto social, lo que ocurre es que cada realidad más amplia contiene a la anterior y añade fenómenos nuevos específicos de esa estructura más compleja. Por eso el grupo es más difícil de introducir. Es una ingenuidad pensar que el grupo es más fácil, o querer formarse en grupo sin tener una clarísima idea del individuo. Evidentemente, hay que comenzar del individuo porque es el aspecto más parcial, para después, además de saber mucho de individuo, poder incorporar los nuevos aspectos que las familias o los grupos pequeños aportan y después también los grupos grandes, que recogerían el conocimiento de todo lo anterior. En muchas ocasiones, en un grupo grande nos encontramos realizando intervenciones individualizadas, hablando de la historia personal como la única forma de ayudar a un paciente a reincorporarse a ese grupo, cuando se encuentra en un momento de confusión. Muchos de los mecanismos que describimos para lo individual sirven también para los grupos: el autismo, las identificaciones, la condensación, el desplazamiento, etc.

Si bien un cierto autismo, temporal e ilimitado, puede ser una medida prudente de defensa en la mayoría de los casos, se convierte en el principal obstáculo para la evolución y adaptación. Cuando el autismo se establece, para entonces ya se encuentra interiorizado el daño, y su cerrazón no hace más que perpetuarlo, e implica un desarrollo anómalo, condicionado por el mismo. Las instituciones y sobre todo los equipos clínicos, fundamentalmente los de salud mental, con fuertes tendencias en sus dinámicas a la repetición y a la evitación del contacto con el exterior, frecuentemente se ven amenazados de incurrir en un proceso de deterioro y cronicidad que los incapacita y los aleja del desarrollo de su tarea. El GMF es un gran antídoto contra el autismo institucional. Abre la estructura al exterior, comunica a la institución con el contexto comunitario, al que se debe y al que necesita sistemáticamente adaptarse. La sola presencia de un GMF implica un importante grado de salud institucional y del equipo implicado en su desarrollo.

¿A quién simboliza el GMF?. Si el grupo pequeño de extraños metaforiza al grupo familiar, y la familia se representa a sí misma, el GMF se estructura como el contexto social, siendo su representante a escala reducida. El contexto social se articula como un entramado de familias interconectadas, a través de las relaciones de pareja e intercambio entre sus miembros, que generan redes sociales, cuya dimensión y complejidad aumentan con el tamaño. En el GMF, el punto de unión de todas las familias es el sufrimiento, fundamentalmente el sufrimiento psíquico. En un contexto relacional condicionado e influido por el sufrimiento y desarrollos mentales autistas, aparentemente alejados de todo contexto exterior, aquellos que cotidianamente entendemos como locos no lo son tanto, cuando se descubren las claves para el entendimiento y descodificación de sus entramados mentales. La rotura del autismo familiar y la restitución de las redes sociales rotas por el sufrimiento y la enfermedad, suponen un alivio, un acompañamiento y sostenimiento fundamental para este tipo de familias frecuentemente acomplejadas, avergonzadas y excluidas

 
 
             
   
 
   

ASMR Revista Internacional On-line - Dep. Leg. BI-2824-01 - ISSN (en trámite)
CORE Academic, Instituto de Psicoterapia, Manuel Allende 19, 48010 Bilbao (España)
Copyright © 2002