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Resumen
El caso que presentamos sirve para ilustrar las consecuencias
éticas y legales de la emisión de un diagnóstico
de paidofilia. A pesar de que desde la psiquiatría se
afirme que un comportamiento sexual que incluya la participación
de niños durante al menos seis meses es considerado paidofilia
(1), el Programa de Tratamiento para Delincuentes Sexuales de
Instituciones Penitenciarias del Ministerio del Interior, considera
que el delicuente sexual no es un enfermo (2). De esta forma
el paciente no puede ser incluído en un programa de rehabilitación
si no existe reconocimiento del delito.
Palabras
clave: Bioética, psiquiatría forense, psiquiatría
legal, parafilia, paidofilia, psicoterapia.
Summary
"The
case we submit is of use to illustrate the ethical and legal
outcomes of the emission of a pedophilia diagnosis. In spite
of in Psychiatry it is asserted that a sexual behaviour including
kids taking part from 6 months up is considered as pedophilia
(1), the Treatment Program for Sexual Delinquents -Penitentiary
Institutions, Home Office- deems that sexual delinquent is not
a sick person (2). In this way, the patient can not be included
in a rehabilitation program if his crime is not recognized as
to be so".
Keywords:
bioethics, forensic psychiatry, legal psychiatry, paraphilia,
pedophilia, psychotherapy.
INTRODUCCIÓN
Estamos
asistiendo en nuestro país a un aumento en la sensibilidad
hacia los trastornos de conducta severos de inicio en la infancia
y en la adolescencia. Entre estos han cobrado una especial significación
social las patologías derivadas de las agresiones y de
las desviaciones sexuales. El caso que presentamos sirve para
ilustrar la encrucijada que sitúa al psiquiatra entre
la comprensión psicopatológica y la emisión
de un diagnóstico, la intervención clínica,
el secreto profesional, la decisión del sistema judicial
y la alarma de la comunidad. La pregunta que subyace en este
complejo caso es la siguiente: ¿Cómo delimitar
la interacción de los factores orgánicos, los
vínculos precoces, el moldeamiento de la conducta y el
patrón social?
PRESENTACIÓN
DEL CASO
Nuestro paciente es un varón soltero de 26 años
de edad. Hijo único, convive con sus padres en el domicilio
familiar. Ha completado sus estudios primarios y no trabaja
en el momento actual. Es derivado a la Unidad de Salud Mental
por su médico de cabecera por heteroagresividad y problemas
crónicos de sueño (insomnio de primera fase).
Acude a la primera consulta acompañado por su madre;
él no demanda tratamiento.
En
su biografía presenta un desarrollo psicomotor normal
hasta el primer año de vida. En ese momento, su madre
comienza a apreciar dificultades en los cambios de la alimentación.
Aproximadamente a los cinco años requirió un ingreso
hospitalario por retraso en el crecimiento; mantuvo un tratamiento
hormonal hasta los once años. A los ocho años
de edad fue raptado a la salida del colegio durante tres horas
por un grupo de hombres jóvenes que le hicieron objeto
de abusos sexuales y de agresiones físicas. No queda
claro si hubo alteraciones psicopatológicas inmediatamente
posteriores. Entre los diez y los doce años se recogen
múltiples episodios exhibicionistas y alteraciones de
conducta; dejaba las ropas en un parque cercano a su domicilio
y salía corriendo hacia el centro de la ciudad; en su
centro escolar exhibía, miraba y comparaba su pene erecto
con el de otros compañeros, situaciones en las que según
él salía victorioso debido a su tratamiento hormonal.
Después de estas escapadas exhibicionistas, era llevado
a su domicilio. Allí, aunque fuera castigado por su madre,
su abuelo y su tío le infringían castigos más
duros de tipo físico y psicológico (como por ejemplo
rasurarle el vello púbico).
Su
padre dedicaba casi todo el día a trabajar, intentaba
imponer las normas, pero quedaba anulado por la relación
cómplice entre madre e hijo. En alguna ocasión
expresó su deseo de que su hijo estuviera muerto. La
madre se dedicaba a las tareas domésticas y a las actividades
artísticas. Los otros tres familiares que participan
activa y habitualmente en la vida del paciente son la abuela
y el tío maternos, y antes de fallecer, el abuelo materno.
Con
14 años fue atendido en el Servicio de Psiquiatría
Infanto-Juvenil por agresiones a sus padres y a compañeros
de colegio. La madre silenció las agresiones hacia ella.
Con el padre, las agresiones eran más violentas y con
más énfasis, llegando a golpearle con un martillo.
En la escuela la agresividad le impedía mantener amistades.
Por último se recoge una sentencia judicial por intento
de violación a otro menor, en la que quedó en
libertad bajo fianza. En el momento de la entrevista se recogen
conductas sadomasoquistas con adultos, y exhibicionistas ante
menores.
DISCUSIÓN
CUESTIONES
MÉDICO SOCIALES:
Desde un punto de vista médico social este caso pone
en evidencia varios aspectos relevantes. El primero surge desde
la medicina preventiva comunitaria. ¿Se encuentra el
sistema sanitario preparado para atender casos similares al
presente en edades infantiles?, ¿somos capaces de abordar
pertinentemente los factores médicos y psicológicos
que influyen en el moldemiento de estas conductas antes de la
edad adulta?. El segundo planteamiento surge desde la actuación
legal: ¿No debería el sistema judicial realizar
una labor de seguimiento de sus propias actuaciones?. Por último,
desde un punto de vista deontológico asistencial surge
la siguiente pregunta ¿qué papel le corresponde
al clínico responsable del caso en las intervenciones
sociales y legales?.
CUESTIONES
PSICOTERAPEUTICAS:
Hay
una característica que se manifiesta en su discurso y
es su evidente exhibición, que es muy diferente de la
seducción histérica, donde queda ubicado en un
lugar de saber más allá del principio del placer,
donde no hay ninguna interrogación, lo importante es
enseñar, mostrar.
La
relación con su madre siempre ha estado marcada, en ocasiones
sutil y otras groseramente, como él siendo lo único
y más importante. Si se hace una piscina en la casa de
las afueras, es como regalo de cumpleaños para el hijo.
Si se queda sin dinero de madrugada en otra ciudad, es la madre
la que convence al padre para ir a buscarlo; o lo anteriormente
contado donde ella silencia las agresiones que su hijo le infligía.
Este
tipo de relación donde queda en un lugar de todo, el
más, lo rastreamos en sus diferentes formas, en sus fantasías:
Se piensa como promotor, entrenador, director técnico,
mejor jugador y capitán de un equipo de baloncesto, director,
productor y estrella de una película. También
escuchamos otra forma de actos, algunos graves, como pedir y
conseguir en muchas ocasiones a lo largo de su vida que grupos
de jovencitos le peguen; otros como contratar en lugares adecuados
a señoritas que, según un guión, escenario
y vestuario preparados de antemano por él, es objeto
de agresiones físicas y genitales en las que llega a
la eyaculación.
Si
se mantuviera en el plano de la fantasía, pensamos que
estaríamos hablando de la neurosis; el neurótico
puede tener estas fantasías, en cambio, el perverso produce
el hecho, las pone en práctica.
Otra
característica obvia es la inversión que este
paciente realiza pasando por sádico, pegando a su madre,
a masoquista, pidiendo a grupos de jovencitas que le peguen;
de ser la parte activa en la relación homosexual, a ser
pasivo. Igual ocurre en esas exhibiciones que hacia a los diez
años así como en otras ocasiones en las que de
la exhibición pasaba al voyeurismo mirando los órganos
genitales de los compañeros.
En
cuanto al contrato en un lugar predeterminado para las prácticas
masoquistas, el paciente exige una escena casi estereotipada
en la que no queda nada librado al azar, para asegurar un orden
de las cosas donde, toda diferencia, ya sea de los sexos, la
da la vida y la muerte, o la del bien y del mal, es puro engaño.
En
ocasiones seduce, o intenta seducir, a personas que representan
cierta autoridad (policía cura
). Una vez tenía
pensado tomarse un exceso de pastillas de su medicación,
camufladas como caramelos, en el transcurso de una sesión,
con el fin de que el psicólogo se hiciera cargo de él.
Lo que intenta es seducir al que está suficientemente
amarrado al cimiento profesional y/o social, como para que el
desafío de separar a ese sujeto de sus convicciones,
su código de sus normas, conserve su valor. Digamos que
lo más importante para el perverso es el interés
que tiene por los personajes instalados en el orden social,
o en los que representan los valores establecidos, para que
cada nueva experiencia del perverso haga el papel de desenfreno,
para sacar al personaje de su ordenamiento y, donde el perverso
sabe, conduce y arrastra a este a pesar de sí mismo.
Con
19 años, hace un intento de retomar sus estudios. Se
dirige a un centro y presenta sus certificados obtenidos. Allí
le indican que tiene que realizar un examen para evaluarle y
ubicarle después en el nivel que demuestre tener. Se
muestra reticente pero acaba accediendo a examinarse. Los resultados
obtenidos le obligan a incluirse en un nivel inferior al que
él esperaba, hecho que no acepta y por tanto, abandona
el centro escolar. Este es el mismo mecanismo empleado en su
relación con las mujeres. Nunca ha estado con mujeres
a las cuales no haya pegado, ni siquiera con compañeras,
conocidas o relaciones amistosas y, mucho menos en alguna forma
más afectiva. La única forma de relación
para él es la de pago por servicios sexuales, y podríamos
pensar que acepta la diferencia de sexos o su existencia ya
que así lo realiza a nivel racional, pero sin embargo,
reniega. Es incapaz, al intentar una relación sexual
con una mujer, de tener una plena satisfacción, para
obtener ésta, debe tener una práctica onanista.
Esto no se produce cuando mantiene relaciones homosexuales ya
que consigue que éstas sean completas.
Estos
dos ejemplos, de toda una amplia relación, nos permiten
observar el mecanismo de la renegación, en el sentido
de rechazo de sus límites académicos en el primer
caso, donde abandona la academia impugnando así el derecho
de la autoridad a legislar, y en el segundo, de rechazo de la
mujer como representante de la diferencia de sexos, de la castración.
Además podríamos referir otros ejemplos: compras
en exceso de obras de arte, elementos para el ordenador o cierta
literatura, sabiendo claramente que supera las posibilidades
económicas familiares pero que sin embargo, en el momento
de la compra, reniega.
En
este sujeto hay algo que resalta, tal vez porque no conozcamos
una población significativa con similares características
o no hayamos recogido suficiente bibliografía, y es esa
gran versatilidad para pasar de una forma de perversión
a otra. Con él se nos hace presente la definición
que hace Freud del infante normal como perverso polimorfo. Lo
más importante en el paciente no es la muestra polifacética
sino dos elementos: la renegación y la transgresión
de la ley.
CONCLUSIONES
Las consecuencias éticas y legales de la emisión
de un diagnóstico en este complejo caso son múltiples.
En primer lugar, tenemos que ser conscientes de que etiquetar
psiquiatricamente a alguien como exhibicionista, siguiendo criterios
del DSM-IV o de la CIE-10, lleva implícito que el paciente
haya reconocido los actos y fantasías propias de este
cuadro. Al estar tipificado el exhibicionismo ante menores de
edad en nuestro Código Penal, el diagnóstico atribuye
al paciente un delito determinado. En este caso el psiquiatra
se encuentra ante una situación comprometida. Debe decidir
entre dos deberes contrapuestos: el secreto profesional y la
obligación de poner en conocimiento judicial la existencia
de un delito. Por otro lado, informar al sujeto de esta obligación
puede imposibilitar la exploración psicopatológica,
abortando cualquier iniciativa terapéutica-rehabilitadora.
En
este paciente encontramos un segundo aspecto ético-legal
derivado de su diagnóstico. A pesar de que desde la psiquiatría
se afirme que un comportamiento sexual que incluya la participación
de niños durante al menos seis meses es considerado paidofilia
(1), el Programa de Tratamiento para Delincuentes Sexuales de
Instituciones Penitenciarias del Ministerio del Interior, considera
que el delicuente sexual no es un enfermo (2). De esta forma
el paciente no puede ser incluído en un programa de rehabilitación
si no existe reconocimiento del delito.
Por
último, el conocimiento de la historia del sujeto, de
sus conductas sado-masoquistas y exhibicionistas, sus fantasías
paidofílicas y el acting-out que provocó su antecedente
judicial nos llevan ante la siguiente pregunta: ¿la evidencia
de que el paciente es potencialmente peligroso justifica una
hospitalización involuntaria, o una encarcelación
preventiva que pudiera hacer inviable la futura relación
médico-paciente por la ruptura de la confidencialidad?
La
realidad es que todos los programas de rehabilitación
y tratamiento parten de tres premisas: la utilización
de técnicas de intervención psicológica,
la voluntariedad del tratamiento y el reconocimiento del delito.
Aunque
no está claro cuáles son las alternativas de futuro
para estos pacientes, ni quién asume la responsabilidad
de sus actos, somos de la opinión de que la judicialización
frente a la psiquiatrización de los trastornos severos
de conducta, sobre todo en la infancia, retrasa su tratamiento
y cronifica estas disfunciones desde edades tempranas con el
resultado de una peor evolución y pronóstico.
Bibliografía
1.
Cabrera J, Fuertes JC. Estudio Psiquiátrico Forense de
los Trastornos Sexuales en :Psiquiatría y Derecho (303-304).
Cauce Edit. Madrid 1997.
2
Carrasco JJ, Maza JM. Opciones terapéuticas en delincuentes
sexuales en: Psiquiatría Legal y Forense (I.4-44 a 49).
La Ley-actualidad edit. Madrid 1996.
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