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El
equipo terapeútico
Decíamos anteriormente que el trabajo en equipo surge
como una respuesta para hacer frente a la complejidad que la
patología grave presenta y a los múltiples recursos
terapéuticos que requiere su resolución. Como
vemos, aparece más como una necesidad que como una elección
vocacional de una manera de trabajar. Además representa
una forma eficaz para la comprensión y manejo de los
fenómenos psicológicos que la patología
grave produce en las personas destinadas a su tratamiento.
Desde nuestra perspectiva, el equipo terapéutico va a
funcionar en un plano inconsciente como una familia sustitutiva,
que favorecerá a los pacientes una serie de experiencias
vivenciales que permitirán contrarrestar el daño
psicológico producido por vínculos pasados con
figuras parentales que constituían su entorno. El equipo
terapéutico constituído como familia sustitutiva
del paciente se convierte en el principal agente de cambio.
Un equipo constituido y en funcionamiento puede ser analizado
por lo menos en tres niveles según señala E. Mandelbaum
en su trabajo sobre equipos: a) uno referente a los miembros
del equipo, independiente del contacto con la tarea, en donde
sus personalidades interactúan constituyendo una matriz
grupal, b) otro nivel sería el determinado por los lazos
transferenciales y contratransferenciales de la relación
paciente-familia-equipo, de este nivel me voy a ocupar a continuación,
y c) por último, podríamos analizar la relación
e influencia recíproca Institución-Equipo Terapéutico.
Como he mencionado más arriba, estudiaré el segundo
nivel. Para ello, nos valemos de un aspecto que consideramos
central que es el estudio sistemático de la transferencia
del paciente y de la familia sobre el equipo terapéutico,
y de la contratransferencia grupal que crea y determina muchas
veces el funcionamiento de dicho equipo.
Los aportes de la escuela kleiniana sobre identificación
proyectiva, así como el de muchos psicoanalistas sobre
la transferencia psicótica y narcisística -H.
Rosenfeld (2), M. Little H.(3), Searles (4), etc.-, los fenómenos
de transferencia múltiple y fragmentada en la patología
grave -J. García Badaracco-, los aportes de E. Racker
(5) sobre contratransferencia y de L. Grinberg (6) sobre contraidentificación
proyectiva, permiten todos ellos evaluar y comprender la compleja
dinámica que se da en un momento dado en el equipo en
funcionamiento.
Otro aporte importante son las ideas de E. Pichon-Rivière
(7) sobre los grupos operativos. El autor explicitó que
todo grupo, independiente de su objetivo, posee un esquema conceptual
referencial y operativo -ECRO-, que permite comprender y evaluar
sistemáticamente la tarea desarrollada y los objetivos
buscados, dentro de una concepción ideológica,
su marco referencial, y una operatividad determinada.
Hacíamos referencia anteriormente que el equipo representa
una familia sustitutiva para el paciente, que debe permitir
una serie de experiencias vivenciales que enriquezcan su bagaje
personal.
En primer lugar, el equipo debe comportarse como un continente
adecuado de las ansiedades más primitivas y de los momentos
regresivos que atraviesa el proceso terapéutico, permitiendo
la expresión de los aspectos más destructivos
con el fin de elaborarlos e integrarlos en la personalidad total.
También debe saber conectar y tolerar los sentimientos
de indefensión e impotencia para que el paciente los
supere sin tener que recurrir a defensas maníacas y psicopáticas.
Los recursos terapéuticos que ofrecen los diferentes
miembros del equipo deben estar organizados en función
de promover la realización de un proceso terapéutico,
que se comportará como el hilo conductor a lo largo del
tratamiento. Estos recursos no son la suma o agregados de diferentes
tratamientos, sino que se ofrecen para proporcionar al paciente
una serie de experiencias terapéuticas que se irán
destacando y diferenciando según las necesidades del
paciente. Estas experiencias terapéuticas tienen su valor,
no sólo por la actividad específica, sino también
por el aspecto relacional que se pone en juego en cada una de
ellas. Muchas de estas actividades, como la terapia ocupacional,
la musicoterapia, el trabajo corporal, las actividades recreativas
y otras, ofrecen un campo de experiencia donde se hace posible
el ejercicio de una dimensión lúdica y el desarrollo
de creatividad.
Para terminar, me gustaría hacer algunas consideraciones
sobre nuestra filosofía asistencial. En la introducción
traté de esbozar algunos modelos de los equipos que trabajan
en Salud Mental, posteriormente hablamos del marco teórico
que sustenta nuestra tarea y pasamos a hablar de Equipo Terapéutico,
ahora quiero destacar algunas cosas sobre la Actitud Terapéutica.
Esta concepción, nos inclina a pensar que más
allá del rol especifico que asume cada miembro del equipo,
existe una "forma de hacer" particular que caracteriza
la filosofía asistencial. Dicha "forma de hacer"
es lo que nosotros llamamos "actitud terapéutica",
esencia y finalidad de la función terapéutica.
Ampliando el concepto de función terapéutica basado
en la actitud, recordamos que García Badaracco plantea
que uno de los temas centrales de la asistencia psiquiátrica
asienta sobre "quién se hace cargo del paciente"
y su familia. Este hacerse cargo implica una forma particular
de relacionarse con él, que se sustenta en la capacidad
por parte del equipo de asumir sus dificultades, sus necesidades
primitivas y compartir su dolor psíquico.
A continuación, pasaremos a exponer una serie de consideraciones
sobre la naturaleza de los fenómenos psicopatológicos
y sus consecuencias clínicas. En los momentos iniciales
del proceso terapéutico, que generalmente coinciden con
situaciones críticas y regresivas, observamos que el
paciente y su familia se benefician más de actitudes
y conductas del grupo terapéutico que expresan un "hacerse
cargo", en el sentido de contener las intensas ansiedades
movilizadas, que actitudes distantes centradas en la observación
y escucha. Nacht refiere que los primeros lazos transferenciales
se establecen en una región del psiquismo en la que la
palabra no tiene lugar. Estas situaciones críticas iniciales
no sólo implican aspectos destructivos para sí
y los demás, sino que posibilitan el rescate de aspectos
auténticos enmascarados en la sintomatología.
No debemos olvidar que el paciente a través de sus síntomas,
pretende de forma anacrónica, establecer un tipo de relación
en donde sus primitivas necesidades de afecto, ayuda y atención
estén incluídas. Es aquí en donde una actitud
terapéutica adecuada permitirá un vínculo
confiable que favorecerá el inicio de un proceso terapéutico.
Esta capacidad por parte del equipo terapéutico de captar
y "acomodarse" a las necesidades primitivas, que incluye
toda relación con pacientes graves, implicará
un compromiso emocional intenso, que a su vez favorecerá
por parte de los pacientes la emergencia de intensos sentimientos
de frustración y desvalimiento que aparecen como reclamos
y reproches. Estos sentimientos contribuyen a la creación
de un clima emocional particular, que el equipo revivirá
contransferencialmente, de manera similar a lo que el paciente
vivió de niño en la relación con sus progenitores.
La actitud de compromiso emocional, que se traduce en una preocupación
humana y profesional genuinas, permitirá que el paciente
y su familia desarrollen una confianza básica en el equipo
y en el tratamiento, y a su vez, nos hagan depositarios inconscientes
de aspectos profundos -relación transferencial- y partícipes
conscientes de intimidades penosas -vínculo persona a
persona-.
Es así, en que nos transformamos en un "otro"
significativo, con el cual se revivirán transferencialmente
sentimientos destructivos, producto de intensas frustraciones
tempranas, y se vivirán en el aquí y ahora de
la experiencia terapéutica estructurante, nuevas formas
relacionales que permitirán el crecimiento y desarrollo
de la personalidad.
El comprender la patología grave desde una perspectiva
vivencial, hará que más allá de la función
terapéutica especifica, se jerarquice la "forma
de hacer" del equipo terapéutico. La actitud terapéutica
estará entonces caracterizada por una presencia real
que acompaña, comparte, contiene, protege y tolera los
difíciles momentos que atraviesa el proceso terapéutico..
Bibliografía
1.
García Badaracco, J.: (1990). "Comunidad Terapéutica
Psicoanalítica de Estructura de Multifamiliar".
Tecnipublicaciones S.A. Madrid.
2.
Rosenfeld, H: (1965) "Estados psicóticos".
Ed. Paidós. Buenos Aires (1974).
3.
Little, M.(1979): "Sobre la transferencia delirante".
Rev. de Psicoanáilis (APA). Buenos Aires, 1979:3
4.
Searles, H (1966). "Estudios sobre Esquizofrenia".
Ed Gedisa. Barcelona. 1994.
5.
Racker H: (1969) "Estudios sobre técnica psicoanalítica".
Ed. Paidós, Buenos Aires.
6.
Grinberg, L: (1957) "Si yo fuera Ud.", "Continuación
al estudio de la identificación proyectiva". Rev.
de Psicoanálisis (APA). Buenos Aires, 1957:4
7.
Pichón-Riviere, E : (1971), "Del psicoanálisis
a la psicología social". Galerna, Buenos Aires.
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