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Resumen
El trabajo en equipo ha sido la consecuencia práctica
de la especialización en los diversos campos del saber
y del quehacer humanos. El autor describe una concepción
del trabajo en equipo, gestada en muchos años de experiencia
con pacientes graves en el contexto de una comunidad terapéutica
psicoanalítica creada en Buenos Aires por el Profesor
Jorge García Badaracco. Desde esa perspectiva el proceso
terapéutico se visualiza como un proceso de crecimiento
y re-desarrollo de la personalidad que permitiría al
paciente alcanzar niveles de funcionamiento más evolucionados.
Toda patología grave encierra una regresión a
niveles narcisísticos, en donde se observa: a) considerable
liberación de impulsos destructivos, b) negación
de la realidad, tanto interna como externa, c) manejo omnipotente
de las relaciones objetales, d) aspectos transferenciales de
tipo simbiótico y e) falta de confianza básica.
Todo ello con el fondo de un denominador común que llamamos
"carencia de recursos yoicos".. El equipo terapéutico
constituído como familia sustitutiva del paciente se
convierte en el principal agente de cambio. Debe comportarse
como un continente adecuado de las ansiedades más primitivas
y de los momentos regresivos que atraviesa el proceso terapéutico,
permitiendo la expresión de los aspectos más destructivos
con el fin de elaborarlos e integrarlos en la personalidad total.
Summary
Team work is a main consequence of changes in psychiatric care.
The author describes an original model of therapeutic team work
developed in the Therapeutic Community of García Badaracco
in Buenos Aires. The team should act as an alter family, which
enables the patient to have a 'corrective emotional experience'
to remedy other experiences that may have been responsible for
the origins of his illness.
Introducción
El
trabajo en equipo ha sido la consecuencia práctica de
la especialización en los diversos campos del saber y
del quehacer humanos. La imposibilidad de dominar todas las
vertientes del conocimiento científico y técnico
conduce con frecuencia a la integración de diferentes
perspectivas, lo que deriva en la constitución de grupos
multidisciplinarios llamados equipos que trabajan en la consecución
de una tarea específica.
La noción de trabajo en equipo es muy antigua en Medicina.
Desde hace muchos años, por ejemplo, no se concibe la
práctica quirúrgica sin la colaboración
de un número de profesionales necesarios para llevar
a cabo la tarea con éxito. En este tipo de modelo se
tiende más a la conjunción de esfuerzos de las
personas que proceden del campo sanitario, con niveles diferenciados
de formación y que constituyen una organización
jerárquica dirigida generalmente por el médico
de más alta capacitación profesional.
En el campo de la Salud Mental, podemos decir que la actividad
asistencial cabalga permanentemente entre la vertiente biológica
y la vertiente psicosocial. Esto hace que los modelos de equipo
interdisciplinarios sean variados y especiales según
la orientación ideológica de la institución
que los contiene.
En los hospitales Psiquiátricos tradicionales, en donde
predomina el modelo biológico, los equipos terapéuticos
siguen el modelo médico como el anteriormente descrito.
Tienen una organización vertical y generalmente los componentes
provienen en su mayoría del campo sanitario -médicos,
enfermeros y auxiliares-. Este tipo de estructuras asistenciales
ven al paciente mental como el producto de disfunciones orgánicas
y funcionales, prescindiendo de causalidades psicológicas,
familiares y sociales. Esta concepción de la enfermedad
hace que se vea al paciente de una forma sesgada lo que reduce
las posibilidades terapéuticas, creando un pesimismo
desesperanzador que termina impregnando la labor del propio
equipo. Sager dice que los roles y actitudes basados en esos
supuestos fomentan actitudes enfermas en los pacientes e incrementan
su dependencia. Esta situación impide el intercambio
relacional entre los pacientes y los componentes del equipo,
lo que dificulta la realización de un proceso terapéutico.
Por otra parte, en los servicios de Psiquiatría con una
orientación dinámica, que integra los modelos
biológico, psicológico y social, la organización
del equipo tiene una funcionalidad diferente; generalmente el
psiquiatra es el jefe, pero la estructura es más horizontal.
Los componentes del equipo provienen del campo sanitario, pero
también de otros campos variados como la psicología,
la sociología, la terapia ocupacional, la musicoterapia,
el trabajo corporal, etc., lo que hace que interactuen en un
plano de mayor simetría con un compromiso emocional más
intenso y una participación en la toma de decisiones.
Como vemos, los equipos de Salud Mental presentan una perspectiva
más rica y dinámica; lo que revierte en el tratamiento
de los pacientes y sus familiares dando una visión más
esperanzadora de la enfermedad mental.
A continuación, pasaré a describir una concepción
del trabajo en equipo, gestada en muchos años de experiencia
con pacientes graves en el contexto de una comunidad terapéutica
psicoanalítica creada en Buenos Aires por el Profesor
Jorge García Badaracco (1) y que asienta sobre un modelo
conceptual que trataré de describir sintéticamente.
Modelo
conceptual
Es necesario aclarar, que frecuentemente calificamos al equipo
como terapéutico, pero la efectividad terapéutica
no va necesariamente implícita en el trabajo en equipo
, sino que es producto de una especifidad particular que debe
tomar en cuenta la naturaleza de los fenómenos psicopatológicos
tratados. Desde nuestra perspectiva, la enfermedad mental es
el resultado de un detenimiento y perturbación del crecimiento
y desarrollo de la personalidad, a su vez, pensamos que el paciente
debe sufrir un conjunto de transformaciones, generadas por el
tratamiento psicoterapéutico que llamamos: el proceso
terapéutico y que visualizamos como un proceso de crecimiento
y redesarrollo de la personalidad que le permitiría alcanzar
niveles de funcionamiento más evolucionados.
Nuestro conocimiento y experiencia nos demuestran que la enfermedad
mental grave está determinada por una multiplicidad de
factores biológicos, psicológicos y sociales,
y que las defensas primitivas -sintomatología-, que caracterizan
el diagnóstico nosográfico, coexisten con aspectos
no desarrollados de la personalidad, es decir, que la resolución
de la llamada enfermedad, requerirá la elaboración
de los conflictos tempranos que sustentan esas defensas primitivas,
y el desarrollo de los aspectos no evolucionados de la personalidad.
Dichos pacientes necesitarán técnicas de insight
que les permitan resolver su conflictiva, pero les es imprescindible
un contexto vital que posibilite la realización de experiencias
esenciales para el desarrollo de su personalidad.
Esta interacción permanente favorecerá un proceso
terapéutico verdadero. Es aquí, en donde el equipo
terapéutico se constituye en el contexto adecuado para
la resolución de la problemática que sufren estos
pacientes.
Como ustedes saben, toda patología grave encierra una
regresión a niveles narcisísticos, en donde se
observa: a) considerable liberación de impulsos destructivos,
b) negación de la realidad, tanto interna como externa,
c) manejo omnipotente de las relaciones objetales, d) aspectos
transferenciales de tipo simbiótico y e) falta de confianza
básica. Como vemos, son pacientes que tienen afectadas
las capacidades básicas del yo, lo que los hace especiales
en cuanto a su abordaje terapéutico. D. Winnicott al
referirse a estos pacientes, indica la necesidad de una conducción
de los mismos en los momentos más regresivos.
Es así como, después de muchos años de
trabajo, se nos fue haciendo significativo que más allá
de esa sintomatología clínica, encontramos un
denominador común que llamamos "carencia de recursos
yoicos". Es esta situación de déficit estructural
del yo, lo que impide al paciente controlar sus impulsos destructivos,
enfrentar la realidad, tanto interna como externa, manejar las
relaciones objetales de una forma madura, y encontrar una seguridad
en las relaciones que le permita desarrollar una confianza básica.
Esta situación carencial reactiva y actualiza a su vez
la condición básica de indefensión con
que nacemos, que se presenta en el ser humano como un período
prolongado en el curso del desarrollo. Esta indefensión
queda enmascarada en los pacientes, por la omnipotencia con
que son mantenidos los síntomas -regresión patológica-,
y éstos van a persistir hasta que el paciente pueda desarrollar
capacidades yoicas suficientes, como para abandonar los síntomas
sin que lo invada una angustia desintegradora.
Este esbozo teórico de cómo entendemos la enfermedad
mental, nos induce a pensar en la función que debe cumplir
el equipo para ser terapéutico.
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