Vol. 1, núm. 3 - Noviembre 2002     Revista Internacional On-line / An International On-line Journal  
Editorial: Las vicisitudes del trabajo en equipo
 
 

Una de las características básicas de las intervenciones en Psiquiatría comunitaria es el trabajo en equipo. Un equipo es (Arrazola y cols.) "un pequeño número de personas con habilidades complementarias, comprometidas con un propósito común de cuyo logro se consideran mutuamente responsables, bajo el liderazgo de una de ellas". El líder utiliza su poder para obtener conformidad, proponiendo incentivos para moderar las resistencias y favoreciendo la negociación para alcanzar los objetivos previamente consensuados con el resto de los miembros del equipo.

El equipo así constituido incorpora todo el potencial que encierran las relaciones informales y la fuerza de la cohesión del grupo y hace posible la realización de numerosas tareas que los miembros aislados no podrían realizar individualmente. El trabajo en equipo proporciona una oportunidad para el desarrollo personal y profesional porque cada miembro aporta su competencia a la vez que aumenta sus propios conocimientos y habilidades. Las discrepancias que aparecen en su seno pueden ser aprovechadas para continuar explorando y profundizando en las cuestiones.

Los profesionales pueden, además, adquirir conocimientos de aconsejamiento individual y de trabajo grupal y familiar que les permiten, si el contexto lo permite, funcionar como terapeutas. Este tipo de formación es particularmente importante cuando el profesional actúa en unidades que funcionan con los principios de las comunidades terapéuticas en las que existe una cierta descentralización de la toma de decisiones y se trabaja en equipo. El profesional debe, en esos contextos, acercarse al entorno del enfermo mental, tanto social, familiar como laboral, formando parte de aquellos equipos multidisciplinarios que se creen al respecto.

Las relaciones entre los miembros de los equipos terapéuticos son, sin embargo, complejas y pueden movilizar angustias que originan a veces disfunciones importantes. Fornari trae a cuento a ese respecto la parábola de los erizos que Freud toma de Schopenhauer: "Para defenderse del frío invernal, los erizos decidieron juntarse los unos a los otros para calentarse con su propio calor animal, pero, al acercarse, se pincharon y entonces se alejaron nuevamente; al alejarse, tuvieron de nuevo frío y se volvieron a acercar para calentarse, pero se pincharon nuevamente y, una vez más, se alejaron, buscando alternativas para protegerse del frío y de las picaduras. Todo esto hasta que, después de varios intentos, los erizos encontraron la distancia adecuada que les permitía no pincharse, sino calentarse, es decir, protegerse al mismo tiempo del frío y de la picadura". Esta ambivalencia con la que se relacionan los miembros del equipo deriva de las angustias primarias persecutorias y depresivas que se producen en su seno.

La relación con los pacientes psiquiátricos produce cierta ansiedad y pone en marcha para neutralizar en el profesional diversos mecanismos que pueden dar lugar a actuaciones no encaminadas a resolver los problemas del paciente, sino a defenderse él mismo. El profesional, por inexperiencia o por temor a no saber responder adecuadamente, puede mantener actitudes rígidas o estereotipadas o proyectar sus propios problemas en el paciente, con lo que la relación adquiere, a veces, un carácter antiterapéutico. Es, por ello, fundamental ofrecer supervisión a los equipos y/o a sus componentes individuales. Frecuentemente, la supervisión conduce a la demanda de una psicoterapia personal por parte del profesional
De hecho, con frecuencia creciente, en este tipo de unidades los/as psicólogos/as, enfermeros/as y asistentes sociales conducen diferentes grupos de carácter recreativo, ocupacional o más específicamente psicoterapéuticos.

Hay que diferenciar bien las actividades genuinamente psicoterapéuticas de las demás. En efecto, la psicoterapia requiere una formación específica en la que un profesional de nivel universitario, especializado en el campo clínico, realiza un programa específico de aprendizaje de la psicoterapia, que incluye algún tipo de experiencia personal psicoterápica y de supervisión. Sin estos requisitos no es ético someter a los pacientes a intervenciones delicadas y no exentas de algunos riesgos.

Por otra parte, es importante recordar que, aunque las funciones de los distintos miembros del equipo se van difuminando, la jerarquización del trabajo no debe ponerse en cuestión y que cada profesión tiene, además, funciones específicas que no debe descuidar.

En el presente numero de la Revista, el Dr. Norberto Mascaro reflexiona sobre su amplia experiencia con diferentes equipos terapéuticos tanto en España como en Argentina. Por su parte, un artículo del Dr. Guimón señala las vicisitudes del trabajo de los equipos y las posibilidades de convertirlos en equipos "suficientemente buenos" en el sentido de Winicott. Finalmente en la sección de libros se hace referencia a un volumen de reciente aparición de ese mismo autor "Los Profesionales" de la Salud mental en el que trata con extensión sobre estos temas.



 
 
               
   
 
   

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