Vol. 1, núm. 2 - Julio 2002     Revista Internacional On-line / An International On-line Journal  

Nuevos desafíos: integración y salud mental de los jóvenes emigrantes y transeúntes (pág. 2)

Iñaki Markez.
Médico psiquiatra.


 
 

Unos 600.000 extranjeros estaban establecidos de modo legal en el Estado español en el año 2.000 pero no se reflejan las elevadas cifras de emigrantes clandestinos, sin su documentación regularizada.

Hasta el 31 de Julio del año 2000, fecha en la que se cerró oficialmente el plazo, España registró 246.089 solicitudes de residencia, si bien el Ministerio del Interior preveía unas 80.000 solicitudes. Estas previsiones y la tradicional carencia de medios administrativos junto a las colas de emigrantes, las vallas, las policías, el desbordamiento en las oficinas de extranjería, llegaron a ser utilizadas por el Partido Popular como prueba de la presión emigratoria que padecemos, ocultando la chapuza administrativa con que abordó el proceso (Torres, 2001). A finales del año 2001, a 31 de diciembre según datos del Ministerio del Interior, eran 1.109.060 las personas emigrantes residentes. (Gráfico 2).

Gráfico 2.

Otro de los cambios más notables es la creciente presencia femenina. En la Unión Europea, en España y en el País Vasco se constata que la cantidad de mujeres inmigrantes tiende a equipararse al número de hombres (Ver Tabla2). Esta inmigración femenina creciente no sólo es producto de procesos de reagrupación familiar pues son muchos los miles de mujeres que emigran con proyectos propios para incorporarse al mercado de trabajo del lugar receptor (Blanco, 2000) pues su protagonismo es creciente.

Tabla 2. Mujeres extranjeras sobre el total de residentes según origen.

El perfil sociodemográfico de la población inmigrante, excluidos quienes proceden de la U.E., presenta a una población joven, con pocos niños y ancianos, activa, con buen estado de salud, con menor nivel educativo que la población nativa, débil agrupación familiar, precariedad laboral, hacinamiento, cierto aislamiento social, difícil relación por sus dificultades con el idioma y las diferencias culturales, movilidad geográfica, e irregularidad administrativa (Alonso y Loucedo, 2002) pero que acuden al país receptor para mejorar su calidad de vida.

Entre el elevado colectivo de emigrantes, muchos de ellos con edades medias entorno a los 15 años, sin documentación en regla, es grande el número de jóvenes. Como la Ley impide
su expulsión inmediata de los menores y jóvenes, las instituciones se ven obligadas al acogimiento que generalmente dura poco tiempo, fugándose entorno al 40%. Según datos de la Consejería de Asuntos Sociales de Andalucía, el 75% de estos jóvenes viven no solo alejados de su familia sino carentes de un hogar, en la calle, ya antes de atravesar el estrecho.

Al entrar en vigor la nueva Ley de Extranjería en enero del 2001 las dificultades no han hecho sino crecer, como el número de extranjeros "sin papeles". Se estima que 3 millones de personas viven clandestinamente en la Unión Europea, de ellas, un millón en Alemania, más de 300.000 en España, cifra similar a la de Francia e Italia. Según la Organización Internacional de la Inmigración, cada año se introducen en la Unión Europea
más de 500.000 personas, con un elevado porcentaje de mujeres, muchas de ellas víctimas
de la trata de personas a través de actuaciones tan diversas como el trabajo doméstico, los matrimonios forzados o de conveniencia, la prostitución, falsas adopciones u otros modos de explotación sexual.

Un par de datos sobre este particular: el 40% de las prostitutas callejeras de la U.E. son inmigrantes según un estudio de la Red Europea por la prevención del Sida en la Prostitución; o saber que el 70% de las mujeres que pasan por las oficinas de Askabide y Aukera, asociaciones que trabajan en la ayuda a las prostitutas en el País Vasco, son extranjeras colombianas, brasileñas, nigerianas, camerunenses... (Irazu, 2000).

El fenómeno de la inmigración en nuestras latitudes, con resultar considerablemente importante, está muy lejos de otros países europeos. Alemania con 7.400.000 extranjeros, Francia con 3.600.000, Reino Unido con 2.200.000 o Bélgica con 900.000 inmigrantes. Las solicitudes presentadas en el año 2000 elevan las personas extranjeras residentes en el Estado español a más de un millón, casi un 3% de la población total, recibiendo menos inmigración de la que le correspondería con las dimensiones demográficas al promedio europeo, que se sitúa en torno al 5% de la población. El colectivo marroquí se consolida con 195.000 personas residentes como el mayor numéricamente según datos del Ministerio del Interior 31-XII-2000.

¿Y qué decir de las regularizaciones?. Con una media estatal de denegaciones del 36,5%, las diferencias de denegación según el lugar de residencia en unas y otras zonas es abismal. Por no hablar de las diferencias según el país de procedencia: aprobado el 82,25% de las solicitudes presentadas por argentinos, el 76,6% de los ecuatorianos, el 70,7% de los polacos el 51% de los marroquíes o el 46,4% de las presentadas por los senegaleses, etc. No hay relación o diferencias en el arraigo de unos y otros colectivos (la emigración marroquí es la antigua, o la ecuatoriana es muy reciente) que justifique la desigualdad en los porcentajes de personas regularizadas, salvo preferencias del Ministerio del Interior hacia la población latinoamericana o del Este de Europa.

Este proceso de regularización, con repescados y billetes de ida y vuelta incluidos, parece que seguirá con nuevas trabas. Ni tan siquiera la residencia legal puede ser definitiva, por ejemplo si no se mantiene estable un contrato laboral. El proceso de regularización actual puede repetir lo que aconteció en 1991: Dos años más tarde, solo un 64% permanecía en situación legal (Izquierdo, 1996). Que hace unas décadas emigraran gentes del estado español podía entenderse como un derecho natural. Que extranjeros de países pobres quieran residir y trabajar en territorio español se convierte para muchos miles de personas en un delito según la actual legislación de extranjería.

Respuestas sociales e institucionales

Como señala Javier de Lucas (2001) las respuestas de los últimos tiempos son, cuanto menos, instrumentales, paternalistas, torpes e ilegítimas.

  • Instrumentales porque al inmigrante solo se le hace visible y acepta en tanto que recurso, mano de obra coyuntural o tasa de reposición demográfica.

  • Paternalistas, concibiendo las medidas como cuestión humanitaria. No se trata de admitir a ciudadanos/as de otras latitudes con sus plenos derechos sino que tengan la esperanza de recibir alguna respuesta caritativa.

  • Ilegítimas, tratando a emigrantes como marginales, ilegales, delincuentes, no-personas, siempre como amenaza para la seguridad ciudadana o para garantizar los puestos de trabajo. Como son diferentes en derechos y deberes, se construye una legislación específica.

  • Torpes, como lo acreditan ciertas medidas aplicadas: viajes para ecuatorianos de ida y vuelta (a costa del contribuyente); devolución de marroquíes y subsaharianos; política de visados, origen de viajes en pateras en el estrecho de Gibraltar; política de prioridad nacional fuente del trabajo sumergido; demoras de más de 7 meses en la concesión de permisos de trabajo y residencia...

Si hoy existen muchos miles de personas extranjeras "irregulares" es simplemente porque se permite esa enorme bolsa de desesperados dispuestos a lo que sea para sobrevivir. La otra opción es la integración, con plenos derechos como condición necesaria y flexibilizando las posibilidades de adquisición del estatuto de ciudadanía.

En Francia, en su reciente proceso electoral, la cuestión de la emigración ha sido uno de los elementos de confrontación entre los contendientes. También en Holanda. Antes en febrero de 2000 el discurso xenófobo de Jörg Haider llevó a su partido de extrema derecha (FPÖ) al gobierno de Austria.

En el estado español se ha aprobado una Ley de Extranjería que los expertos señalan como de dudosa constitucionalidad desde el momento en que limita derechos fundamentales (reunión, huelga, asociación,...) recogidos en el texto constitucional. Para su aprobación se ha ninguneado el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU y los convenios de la Organización Internacional del Trabajo suscritos por el Estado español. Se ha ignorado la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, se ha ninguneado la misma Constitución española de 1978 que en su artículo 96 incorpora la declaración y pacto citados. La Ley 4/2000 que debiera ser coherente con todos los tratados anteriores resulta que es contradictoria con los mismos.

La ley de extranjería, exponente de la política de extranjería, tiene mucho que ver con el racismo porque discrimina a las personas según su origen y mantiene a grupos de población en condiciones de grave inferioridad de derechos condicionando la percepción social, pudiendo generarse permisividad para un trato discriminatorio en otros muchos ámbitos de la vida ciudadana.

En el presente año 2002, el Instituto Nacional de Emigración estima la entrada de 360.000 emigrantes, teniendo prevista la concesión de sólo 60.000 visados ¿Qué ocurrira con las otras 300.000 personas?

El gobierno no opta por salidas satisfactorias y dignas para las personas inmigrantes, convirtiéndolas en mercancía expulsable, negándoles la consideración de ciudadanas. Afortunadamente entre otras fuerzas como los sindicatos, empresarios y ONGs van surgiendo iniciativas con otro cariz: disposición a afiliar a quienes lo solicitan, cupos de contratación, servicios de empadronamiento municipales, permisos de residencias...

No parece que los planes para expulsar a millones de emigrantes que residen ilegalmente a lo largo y ancho de Europa sea una medida eficaz, menos aun ética y humanitaria.

Interculturalidad e integración

La cuestión de la integración como problema se basa en una concepción existencialista. Se realiza la construcción del "nosotros" frente al "otro". Nosotros en tanto que europeos, españoles o vascos, o de Bilbao, en oposición y presuntamente diferentes de los otros, asignando a estos y al "nosotros" un nivel de homogeneidad (Juliano, 2000) alejado de la realidad. Si nos acercamos a una persona emigrante, del tercer mundo, podríamos descubrir que existen muchos elementos en común, similitudes en ideologías políticas, en preocupaciones, problemas, etc. Pero en el imaginario colectivo se subrayan las diferencias, haciendo hincapié en las dificultades de adaptación e integración. Como si se tratara de dos amplios colectivos homogéneos, con construcciones estáticas del "nosotros" y del "otro". Incluso hay quienes entienden la cultura de modo reduccionista, cultura reducida a la lengua o a la identidad geográfica, o equiparan cultura y etnia. Otras personas opinamos que es algo más complejo.

Para que haya rechazo a la inmigración y existan políticas discriminatorias, incluso con apoyo popular, no es necesaria la existencia de diferencias reales. Basta con que existan en el imaginario colectivo, basta con constituir una construcción imaginaria y después fomentarla y magnificarla. Esto se viene realizando con harta frecuencia dando lugar a corrientes de opinión xenófobas y racistas. Lo que era idiosincrasia, exotismo por el producto diferente, se torna en odiosincrasia ante la persona diferente.

Es constatable que, a medida que se incrementan las cifras de inmigrantes sin una correlación en el aumento de recursos sociales para esos elevados colectivos, van creciendo no sólo las tendencias a la marginación y riesgo de conflictividad ciudadana sino también la violencia racial, la discriminación y las conductas xenófobas.

El temor al paro y a la inseguridad ciudadana así como el malestar por las políticas gubernamentales y el no crecimiento de recursos sociales son las razones argumentadas para el incremento del racismo y la xenofobia.,

En la realidad es objetivable la interrelación cultural. Nuestra cultura y las otras culturas son procesos en equilibrio inestable que aceptan y rechazan elementos de diferentes procedencias para su enriquecimiento, procesos en construcción, cambiantes y modificables. El multiculturalismo está presente, a pesar de que conceptualmente sea poco preciso, pero recoge ideas y prácticas sociales variadas que pueden enriquecer la sociedad sin tener que romper con los valores y las tradiciones de origen. Claro que si las creencias apuntan hacia la inmutabilidad cultural, los modelos culturales estáticos y a proteger del cambio, lo normal pasa a ser la defensa de la actual identidad y considerar peligroso el contacto, el posible contagio y el mestizaje cultural. Solo si asumimos los modelos dinámicos de interpretación, podremos posibilitar el diálogo y asumir la discusión acerca de las cuestiones culturales.

Problemas en salud mental

Señalaba anteriormente que entre las características de la población inmigrante, una bien notoria es la confirmación de tratarse de personas con buen estado de salud. Si ya en el origen del trayecto migratorio padecen condiciones de supervivencia, atravesando el Estrecho de Gibraltar en "pateras", el paradigma de la inmigración ilegal, cruzando fronteras y largos recorridos ocultos en camiones o bodegas de barcos en habitáculos asfixiantes, habiendo muerto más personas que en los conflictos bélicos europeos de Kosovo, o Bosnia,... La dureza del trayecto migratorio determina una selección tal que quienes se aventuran a realizarlo son ciertamente fuertes y sanos.

Es importante profundizar en el conocimiento psicológico del hecho migratorio así como de los fenómenos psicosociales asociados al mismo. Como acontecimiento de vida -life event- la emigración es una situación de cambio, con sus ganancias y beneficios, sus tensiones y pérdidas, constituyendo el llamado "duelo psicológico" (Atxotegi, 2001). Duelo por la familia y sus familiares, por su cultura y su lengua, obligados a nuevos aprendizajes lingüísticos, duelo por la tierra, grupo étnico o por su estatus social que puede dar lugar a trastornos adaptativos (¿o habría que decir necesidad de readaptación?) que pudieran complicarse por las condiciones de precariedad, aumentando a su vez, los riesgos de accidentabilidad o de nuevos trastornos psiquiátricos.

Siempre ha existido el miedo mutuo, el temor del que llega a lugar desconocido y el temor del que recibe, no siempre de modo voluntario. Duelo como proceso de reorganización de la personalidad tras la pérdida de lo que deja en su país de origen, necesitado de reelaboración de vínculos adaptativos en su nuevo medio como base del deseado equilibrio psíquico (Bowly, 1993). Las tensiones emocionales, añoranza, vivencias pasadas, preocupaciones, tristeza, etc., son una parte esencial del aprendizaje vital necesario para la adaptación a cualquier otro medio del presente y del futuro. Pero además, yendo a las nociones tradicionales de patología psiquiátrica, las condiciones de salud de la población emigrante se ve influenciada por la falta de soporte familiar y psicosocial, la precariedad laboral e irregularidad y legal, las condiciones de vivienda y habitabilidad, problemas de discriminación racial, y las políticas de exclusión, etc, aconteciendo esto desde hace décadas. Las creencias, la mala accesibilidad a los dispositivos de salud, los estilos de vida, la carencia de medidas preventivas, los estilos de vida, los consumos inadecuados de alcohol y otras drogas, el desarraigo, etc., tienen sus repercusiones psicológicas, sin olvidar la posible inmadurez de personalidad de algunas personas jóvenes que emigran.

En los años 70 fueron realizados numerosos trabajos estudiando las tasas de trastornos psiquiátricos entre la población emigrante. El Reino Unido (Littlewood y Lipsedge, 1981; Bagley,1975; Cochrane et al, 1981) abordando sobre todo a inmigrantes de la Commonwealth , y Alemania recogiendo la inmigración procedente de Italia, España y Turquía (Häfner, 1980; Eris et al,1988;...) fueron núcleos de gran atracción para grandes poblaciones foráneas. Varias revisiones de trabajos epidemiológicos y clínicos realizados en la Unión Europea se aproximan al binomio salud-emigración equiparándolo a salud-enfermedad de los emigrantes, contribuyendo de modo perverso a favorecer una percepción negativa de la emigración con agente patogénico.

Se presupone mayor morbilidad psiquiátrica entre emigrantes que se desenvuelven en un entorno de cambio y afecta a la estabilidad emocional, pero ello no siempre acontece. Existen estudios en los que evaluada la prevalencia del trastorno al compararse con la población general (Häfner, 1980) y ello orienta a la necesidad de diferenciar entre subgrupos de emigrantes y trastornos (Haasen et als. 1998) para una adecuada investigación. Las primeras patologías psiquiátricas en población inmigrante, suelen presentar mayores frecuencias que la población local, debido a la vulnerabilidad propia de este sector y también por tratarse de personas jóvenes. Existe mayor tendencia a la utilización de recursos hospitalarios como primera opción asistencial, siendo las tasas de hospitalización entre emigrantes muy desiguales de unos a otros lugares. La demanda de mayor estancia hospitalaria responde a las carencias del adecuado apoyo social y familiar que sí tenían en su país de origen. Parece que no existe mayor patología aunque sí mayores dificultades añadidas para su abordaje, para la intervención con estos subgrupos. Pero ¿existe una patología de la emigración? Habría que preguntarse si el emigrante está mal en su salud o es el medio social de acogida quien está enfermo.

Es importante no banalizar los trastornos equiparando el sufrimiento o la salud del nativo y el extranjero. No se ha de considerar al extranjero ajeno a los conflictos del país que le acoge. El desarraigo, la situación y vivencia sociocultural del emigrante puede afectar a su estado de salud y ser causa probable de alteraciones psicológicas y somatizaciones varias (Navarro y Morales, 2001). La migración actúa como factor de traumatización. Es un fenómeno generador de estrés aculturativo que depende en gran medida de cómo se sitúe frente a su grupo cultural de origen y hacia el grupo de acogida. Produciendo cuadros desestructurantes con elementos ligados a la evitación (de pensamiento, personas, lugares, actividades, etc, asociados al hecho traumático, o de tipo disociativa, evaluadas como cuadros de ansiedad o de depresión) y a la hiperactivación (trastornos del sueño y de la concentración, irritación, hipervigilancia). Los síndromes psicopatológicos agudos ( síndromes confusionales) o crónicos (síndromes depresivos, trastornos de la personalidad, adaptativos, alcoholismo, drogodependencias) son frecuentes. La propia Organización Mundial de la Salud (2001) señalaba recientemente que los jóvenes son, sobre todo, quienes viven en la calle, quienes están más expuestos a la violencia con riesgo elevado de caer en el uso indebido de sustancias.

Son muchos los trabajos que señalan tasas de esquizofrenia más elevadas entre los emigrantes pero su diagnóstico está mediatizado por los importantes cambios en la composición de los emigrantes; por la infrautilización de los recursos sanitarios psiquiátricos para aquellos trastornos no psicóticos; por la elevada proporción de diagnósticos erróneos en las poblaciones emigrantes (Charalabaki,1995; Copeland,1968) condicionada por la distancia empática.

Alta prevalencia de síntomas depresivos y de ansiedad entre emigrantes, asociados en muchas ocasiones a síntomas de somatización, en gran medida por el rechazo a los psicofármacos, sobre todo los antidepresivos, siendo mayor el uso de antipsicóticos (Lloyd y Moodley,1992) y ansiolíticos (Charalabaki et al, 1995). En el trasfondo, la dificultad para establecer una adecuada alianza terapéutica entre pacientes y terapeutas culturalmente extraños.

La infrautilización de los recursos sanitarios está condicionando las tasas de admisión de emigrantes. El temor a una mayor estigmatización de una población ya sumamente discriminada racialmente, con importantes barreras culturales, siendo la barrera lingüística la más notoria, en absoluto favorece la accesibilidad a los recursos sanitarios. Por eso en ocasiones los emigrantes vuelven a su país tras desarrollar un trastorno psiquiátrico.


 
 
           
   
 
   

ASMR Revista Internacional On-line - Dep. Leg. BI-2824-01 - ISSN (en trámite)
CORE Academic, Instituto de Psicoterapia, Manuel Allende 19, 48010 Bilbao (España)
Copyright © 2002