|
Resumen
El
desplazamiento de inmigrantes, jóvenes principalmente,
hacia los países desarrollados es un fenómeno
universal, de gran actualidad y de cuantía creciente
en nuestra área geopolítica europea. La construcción
del imaginario colectivo configura la imagen de un fenómeno
que unifica la diversidad, rechaza la interculturalidad y manifiesta
dificultades para la integración. Es importante obtener
sencillos indicadores para el diagnóstico y la evaluación
de la integración, así como algunos requerimientos
para el adecuado abordaje y tratamiento de los problemas asociados
a la salud mental de la población emigrante en los dispositivos
de atención a la salud. Y, sobre todo para aquellos sectores
de jóvenes transeúntes e inmigrantes, netamente
desprotegidos, que, aunque minoritarios, representan bolsas
considerables de la población que hemos tornado llamar
cuarto mundo.
Palabras
clave:
inmigrantes jóvenes, integración, respuestas,
trastornos mentales.
Abstract
The
movement of immigrants, mainly youngsters, towards developed
countries is nowadays a universal phenomenon of an increasing
character in our European area. The construction of the social
conscience designs a frame which unifies diversity, rejects
an intercultural society and shows difficulties to get integration.
It is important to obtain simple items to diagnose and evaluate
integration, as well as some other items to reach an adequate
approach and a treatment for the mental diseases associated
with immigrants. Principally, it is necessary to get it for
the unprotected young passers-by and immigrants, because they
represent a group of population commonly known as "fourth
world".
Key
words: Young immigrants, integration, answers, mental diseases.
Introducción
Las
migraciones son un fenómeno social de actualidad en los
medios de comunicación y tan antiguo como la historia
de la humanidad. Fenómeno universalizado no sólo
por el aumento de personas migrantes en las últimas décadas
sino también por la diversificación de los tipos
migratorios y el incremento de redes migratorias.
El estado español que en las décadas de los años
50 y 60 aportó muchos miles de emigrantes a los países
latinoamericanos, y junto a Portugal, Italia, Grecia y Turquía
exportó mano de obra a los países desarrollados
de Europa, con el consiguiente desplazamiento intraeuropeo,
contribuyendo a su desarrollo económico, social y cultural.
También hubo importante emigración interna desde
Andalucía, Galicia, Extremadura y Castilla fundamentalmente
hacia el País Vasco y Catalunya.
Hoy y desde el ingreso en la CEE, en concreto entre 1975 y 2001,
se ha invertido la dirección migratoria, retornando medio
millón de quienes residían en países centroeuropeos.
De ser emisores de mano de obra, se ha pasado a lugar de destino
migratorio produciéndose una elevada afluencia de gentes
del Magreb, principalmente marroquíes, y también
de países latinoamericanos, centroafricanos (subsaharianos)
y europeos de los antiguos países del Este, lo cual está
configurando una nueva realidad demográfica y social.
Emigrar
es un hecho reconocido en la Declaración Universal de
Derechos Humanos. Los motivos para dejar el país de origen
son muy diversos yendo desde alejarse de la miseria hasta las
ansias de libertad huyendo de la represión. La injusticia
del proceso de globalización que amplia las desigualdades
entre el norte y el sur hundiendo toda expectativa vital en
los países de origen de la emigración. Con la
globalización de la economía a nivel mundial y
relacionado con el aumento de nivel de vida en algunas regiones,
surgen otros desplazamientos migratorios selectivos que afectan
a personal cualificado que siguen el movimiento de capitales
o de empresas, o también poblaciones de tercera edad
que persiguen mejores condiciones climáticas y de capacidad
adquisitiva (Blanco,2000) . Importantes colectivos japoneses,
alemanes o nórdicos participan de esas dinámicas
migratorias. Son los extranjeros que no crean problemas, como
tampoco los turistas, ellos no son pobres. Ellos no son motivo
de esta exposición.
Extranjeros
hubo y habrá siempre. Emigrantes también, pero
con las poblaciones migrantes pobres intervienen los prejuicios
sociales. Emigrar forma parte del afrontamiento contra las desigualdades
y el desequilibrio, necesitando establecerse en otros lugares.
Y emigran quienes huyen de la pobreza y otras muchas personas
cualificadas, las más formadas, lo cual significa una
sangría irreparable para los países no desarrollados.
Con trayectorias migratorias condicionadas por factores como
la posición social de los emigrantes (el origen nacional
y de clase, la cualificación, el conocimiento de idiomas
locales, la situación jurídica, etc.), las redes
migratorias en las que se insertan, es decir, las estructuras
que conforman las relaciones con el medio (vivienda, búsqueda
de empleo, pautas de autoayuda,...) y su abordaje ideológico
- cultural (IOE, 1998).
Cuando parten de su tierra está presente la sensación
de haber sido arrancados de un entorno lleno de vivencias y
sensaciones, echando menos su lugar de origen aunque se trate
de un país carente de seguridad sanitaria, ni social,
ni política. Con gran preocupación porque no volverá
a ser del país que abandona ni del país al que
emigra, será un emigrante el resto de su vida. Con gran
desprotección, incertidumbre y numerosos tropiezos en
el camino, teniendo que recurrir incluso a las tiránicas
organizaciones dedicadas a traficar con personas, de las que
necesitan para cruzar fronteras y soñar con un futuro
mejor.
Se convierten en ciudadanos (viven en ciudades) con relación
de vecindad pero sin derechos sociales ni sindicales (derecho
a sindicación, manifestación, huelga, etc.), con
escasas prestaciones de justicia para quienes residen y trabajan
en estas tierras, eso sí, de modo irregular en su documentación
oficial a pesar del reconocimiento en la Declaración
Universal de los Derechos Humanos y en la Carta Europea de los
Derechos Humanos (Beyuki, 2001). Aquella noción de ciudadanía
asociada a la idea de igualdad formal ante la ley, junto al
derecho a la diferencia, se torna en la realidad en desigualdad
ciudadana.
Las
cifras
Si la frontera fuese más permeable, si resultara más
fácil el acceso legal...., el flujo migratorio sería
mayor, pero tanto en las entradas como en las salidas. Los emigrantes
siempre fueron donde había trabajo para ellos, y no fueron
donde no lo había. Es Europa, con sus miedos y prejuicios
la que está construyendo una situación anormal,
un muro que ni deja entrar ni deja salir (M. Pajares, 1999).
Los estados fortalecen medidas y barreras infranqueables para
los inmigrantes que desean regularizar su situación,
logrando grandes bolsas de personas indocumentadas. Según
la Organización Internacional para las Migraciones más
de 500.000 inmigrantes entran en la Unión Europea cada
año. El número de inmigrantes que llegaron en
el año 2000 a los países de la Unión Europea,
y fueron inscritos oficialmente, fue de 816.000 personas, procedentes
en su mayoría del Magreb, Turquía, India, Africa
subsahariana y la región balcánica. (Ver gráfico
1).
Gráfico
1. Origen de la emigración hacia la Unión Europea.

Dicha cifra está alejada de los 1,4 millones de personas
que necesita anualmente la Unión para mantener su nivel
productivo. También los Estados de la Unión europea
emitieron órdenes de expulsión contra 367.552
personas, y otros 87.628 abandonaron voluntariamente estos territorios.
El
territorio del Estado español se sitúa en los
últimos lugares de los países europeo, con casi
un 2% distribuyéndose aproximadamente al 50% entre comunitarios
europeos y no comunitarios, principalmente de América
latina, Africa y Asia (Flores, 2001) tal y como se refleja en
la tabla 1.

El
Estado español presenta una media de 20,1 emigrantes
por cada mil habitantes siendo un territorio, al igual que el
País Vasco con bajos porcentajes de emigrantes. El Instituto
Nacional de Estadística (INE) ofrece datos de la población
emigrante y su procedencia, reflejando que casi el 50% proceden
de Europa, comunitarios principalmente; un 20% vienen de Magreb,
principalmente de Marruecos, y de países latinoamericanos
el 23%. Claro que no hay que olvidar los elevados porcentajes
de población inmigrante clandestina, sin la documentación
"en orden". Pues bien, incluso considerando los cambios
de tendencia, en el año 2001 aun había dos españoles
en el extranjero (*) por cada inmigrante que acudía a
la península.
(*)
Con fecha 1-1-2000, los emigrantes que residían en territorio
español eran 2.256.931 según cifras oficiales.
|
|