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3.
Las interpretaciones
Vivimos unos tiempos en los que los acontecimientos humanos,
siempre móviles, se han acelerado, cursando a velocidades
vertiginosas. Son tiempos rápidamente cambiantes a los
que nos adaptamos a duras penas, encontrándonos la mayoría
a punto del desbordamiento permanente, todo ello puesto de manifiesto
en la permanente demanda de ayuda a nuestros servicios psiquiátricos
por problemas individuales: anorexias, psicosis, toxicomanías,
neurosis; o síntomas colectivos: la vigencia todavía
de la pena de muerte, los conflictos que se dilucidan en guerras,
la abundancia conviviendo impúdicamente con la necesidad
y el hambre, como si el hambre de unos no tuviese una relación
directa con la anorexia de otros.
Se ha producido un gran desfase entre el desarrollo de los conocimientos
físicos y científicos y el de las ciencias humanas.
Sin la madurez psicoemocional necesaria, el conocimiento técnico
corre el riesgo de ir en una dirección opuesta a la del
desarrollo creativo que la vida requiere, amenazando con volverse
en contra de los seres humanos que lo han posibilitado, en una
inversión -perversión- de su sentido. En el momento
presente, los descubrimientos científicos nos desbordan
y se tornan peligrosos.
3.1.
Una historia negada es una historia escindida y no integrada
En la historia temporal y evolutiva del ser humano, los últimos
siglos apenas sí suponen un pequeño momento. Todavía
los descubrimientos científicos que posibilitaron un
cierto control de la naturaleza, de la superación del
hambre, de las enfermedades, de las comunicaciones, etc, no
han podido evitar su injusta distribución. Es conveniente
recordar que los antibióticos y los psicofármacos
se descubrieron apenas hace unos cincuenta años; que
hace unos años más, la esperanza de vida de los
seres humanos era prácticamente la mitad de la actual;
que los índices de mortalidad infantil eran muy elevados;
que los niños y niñas no poseían derechos
civiles hasta la edad de doce años, cuando las posibilidades
de supervivencia eran mayores.
Nos encontramos tan cerca todavía de la Edad Media, que
sufrimos su sombra y seguimos bajo sus efectos. Hoy todavía
seguimos sin superar los tiempos en los que el ser humano se
encontraba frente a un destino tan poderoso como incierto, ante
el cual sólo cabría la aceptación y el
sometimiento. El ser más poderoso podría comprobar
su pequeñez e impotencia ante situaciones y problemas
que hoy consideraríamos mínimos. Cualquier enfermedad
podría desencadenar la muerte. En los tiempos pretéritos,
la indefensión de la naturaleza humana era, a todas luces,
evidente en cada uno y en los demás, se vivía
con ella y frente a ella. El coste del vivir era tan alto que
la selección natural eliminaba sin compasión a
los débiles y los supervivientes eran los que estaban
dispuestos a pagar dicho coste. Dios lo regía todo, se
encontraba en todas partes y lo controlaba todo. Nada se encontraba
en la mano del hombre. Tal era el sentir popular frente a su
destino. Grandes ofrendas y trabajos de un número importante
de hombres que vivían para contentar a ese Dios, regidor
de todos los destinos: cuántas iglesias, cuántos
seres humanos encargados de distraerle y de halagarle, cuántas
ofrendas de todo tipo. Pensar que hasta hace poco la mitología
era la explicación que la sociedad consideraba científica,
cuando hoy perfectamente podría resultarle ingenua a
un muchacho quien la consideraría poco menos que una
colección de bellas historias escritas para tranquilizar
y ayudar a un niño a conciliar su sueño. Quizá
ésta fue su principal virtud en la infancia social que
supusieron los pasados siglos, ser cuentos para ayudar a soportar
la incertidumbre de lo desconocido y dar una sensación
de control de lo incontrolable. ¿Cuáles son nuestros
ingenuos cuentos actuales? El negocio del engaño coloca
el ingrediente fundamental para su sostenimiento, un gran negocio
en lo concreto, que es donde el ser humano en su pequeñez
y limitación dilucida su existencia. Sólo unos
pocos privilegiados son capaces de ir más allá
de sí mismos con su imaginación y su generosidad,
y ambas son resultantes de su madurez e integración personal,
consecuencia de una vida tan afortunada como deseable para la
mayoría de los mortales, que pegados a un pensamiento
concreto, y circulando con movimientos de reptación,
son incapaces de ver más allá de sus propias narices,
pese a los altos potenciales inherentes a la evolución
mental de nuestra especie.
3.2.
El contexto social
Los seres humanos nos encontramos incluidos en un contexto social
dinámico, somos una discreta parte de un todo que nos
condiciona e influye. Qué osadía y qué
impotencia implica el pensar en la libertad del ser humano,
cuando por todas partes aparece la limitación. No llevamos
nuestra vida, sino que ésta nos zarandea a su antojo.
Somos auténticamente títeres del destino, lo fundamental
nos es dado sin nuestra contribución y sólo los
más afortunados se empeñan en sobresalir de los
demás, atribuyéndose lo que no les pertenece.
Nadie tiene más mérito por ser lo que es.
El psicoanálisis ha investigado el mundo interno del
individuo, habiendo precisado la manera cómo desde el
exterior, los otros, de los que dependemos, se van gradualmente
introduciendo en nosotros. Cómo los demás nos
constituyen, somos trocitos de los otros introyectados en nosotros,
generando una nueva y única combinación propia
de cada ser humano. Para bien o para mal, la familia internalizada
y la externa (la familia real), nos acompañan a lo largo
de toda nuestra vida, no siendo siempre coincidentes. Si el
ser humano se encuentra tan determinadamente influido por su
familia interna y externa, ambas han sido y son permanentemente
influidas por el contexto social y cultural de referencia. No
se puede entender a los unos sin los otros. Lo que ocurre en
el Parlamento finalmente condiciona la forma de pensar y de
actuar individual, y estos individuos influyen en el Parlamento
a través de acciones individuales o grupales. Nos encontramos
en un contexto cultural primitivo e infantilizado. No existen
los buenos y los malos, ni los poderosos e impotentes. Éstas
entre otras son formas reduccionistas y absurdas de entender
que implican la evolución hacia un camino más
creativo. Nos encontramos en un contexto escindido y desintegrado
donde los aspectos parciales se confunden con el todo. Todavía
es reciente el ridículo y pequeñez del hombre
considerado más poderoso del mundo, a raíz de
unos escarceos sexuales. Nuestras necesidades de todo tipo se
nos imponen sea cual fuere la edad y la posición. Quizá
en uno de los pocos momentos en los que se convertía
en un ser humano quedó atrapado.
Los seres humanos son seres históricos, nuestra historia
constituye la matriz cultural que nos alimenta y programa. Es
el caldo de cultivo en el cual uno puede crecer con los otros.
La Psiquiatría Comunitaria a la que me adscribo, tiene
en cuenta todo el conjunto dinámico, y de su entendimiento
depende una buena parte del éxito de los tratamientos
y la posibilidad de realizar programas preventivos útiles.
Nuestra cultura avanza, equivocadamente, hacia personas más
cautivas y dependientes, más robotizadas, y el pensar
se encuentra proscrito y es percibido como peligroso. Se trata
de un avance falso y engañoso que como tal, se verá
limitado en el tiempo, pues la evolución, a mi modo de
ver, la considero un movimiento hacia la luz y la integración
del entendimiento. En este contexto frustrante y engañoso,
los psicoterapeutas son más y más reclamados como
necesarios, en ellos se depositan expectativas y esperanzas
correctoras de las insatisfacciones derivadas de ir en una dirección
contraria a la de nuestra naturaleza -frecuentemente, al igual
que sucede con la educación, complicamos lo sencillo-.
El terapeuta, hijo de este contexto cultural, se encuentra tan
atrapado como el propio paciente atendido, confundiendo más
si cabe la situación; en otras, acompañado y orientado,
acortando tiempos de sufrimientos y evitando las equivocaciones
e hipotecas que el dolor produce, impidiendo un pensamiento
razonable. Creo conveniente señalar, aunque debiera estar
de más hacerlo, que el terapeuta siempre es un extraño
con un protagonismo limitado -eso dificulta ingresos económicos
elevados y supone una renuncia a las gratificaciones narcisísticas-.
Somos sólo intermediarios y con funciones modestas, aunque
importantes. En situaciones de duelos y de acompañamientos
a personas desahuciadas, nuestra presencia deber de ser la suficiente
para que la situación avance positivamente de la forma
más natural posible, tratando de evitar una injerencia
terapéutica excesiva. Es preciso confiar en la capacidad
de los demás y ser respetuoso con sus decisiones. Hay
que ir por detrás y no por delante. Nuestras decisiones
derivarán fundamentalmente de una buena escucha, habilidades
alejadas de nuestras educaciones y poco valoradas en los momentos
de necesidad, que suelen ser los momentos cuando rompemos con
la necedad.
Los avances médicos científicos, el control de
la naturaleza, la aceleración de los cambios en el tiempo,
todo ha contribuido al desbordamiento y a la confusión.
De golpe, el ser humano se ha encontrado catapultado a un mundo
desconocido, lleno de posibilidades, habiéndose empachado
de ellas. No estaba preparado, la incapacidad de integrar tal
cantidad de situaciones nuevas le ha desbordado, generando disfunciones,
errores y una pérdida de memoria histórica colectiva,
que le deja sin referentes culturales. Algunas de las características
de este tiempo son:
-
La represión de la enfermedad, de la vejez, de la
muerte; todo lo que indique indefensión es negado.
Se trata de evitar el dolor y el esfuerzo a cualquier precio,
sosteniendo el engaño de que la vida puede ser vivida
sin sufrimiento, aunque para conseguirlo implique graves
mutilaciones en nuestras capacidades mentales y renuncias
a aspectos fundamentales de nuestra evolución, yendo
en contra de ella e infantilizándonos.
-
La negación de nuestra propia naturaleza, consistente
en la indefensión, nos lleva a la enfermedad mental
colectiva e individual, a la megalomanía, produciendo
insolidaridad y, como toda situación falsa, envidia,
insatisfacción y miedo. Propio de esta circunstancia
es el "sálvese quien pueda", y unos pisotean
a los otros. Poder y sometimiento son caras de la misma
moneda y la insolidaridad se establece. Si se niega la indefensión,
nos vemos forzados a marginar a las enfermos, a las personas
con carencias y dificultades, a los viejos, a abusar de
los niños. La muerte, hecho que nos iguala, puede
resultar una noticia escandalosa. A diferencia de la situación
descrita, el ser humano que acepta su pequeñez e
indefensión, crece y se fortalece. La conciencia
de su propia indefensión le lleva a la solidaridad
y en ésta encuentra el sentido de trascendencia,
la espiritualidad y todos los aspectos más evolucionados
del ser humano, que siempre están más allá
de nosotros.
-
Un contexto escindido es un contexto amenazador para todos.
En el mundo no existen víctimas ni victimarios, buenos
o malos, derechas e izquierdas. Éstos son simplismos
propios del desbordamiento en el que nos encontramos y que
nos influye neutralizando nuestra capacidad de pensar, situación
que incide en un actuar irreflexivo y confuso, y por lo
tanto, arriesgado y lleno de equivocaciones y de sufrimientos.
-
El tener sustituye al ser. Una cultura en la que lo importante
está fuera de uno, tratando de controlar la vida
a través de la acumulación de dinero, que
pasa de ser un medio a cobrar el protagonismo de un fin
en sí mismo. Vivimos llenos de objetos con los que
tratamos de llenar nuestros vacíos e insatisfacciones,
fracasando en el intento. No hay medicación para
el desamor, ni tranquilidad que no pase por la confianza
en los otros. Las personas que nos hemos interesado por
los grupos humanos y hemos investigado en ellos, sabemos
bien que "o nos salvamos todos o nos condenamos todos".
Nos encontramos mucho más profundamente unidos y
próximos de lo que estamos habitualmente dispuestos
a admitir.
-
Los falsos líderes sociales. Resultante de un contexto
falso es la elección de sus líderes. No son
la sensatez, la madurez ni la integración los atributos
que caractericen a nuestros políticos. Durante las
elecciones, en estos momentos de confusión, los ciudadanos
infantilizados y confusos, suelen primar la demagogia y
lo falso, produciéndose una selección negativa
de los mismos, lo que complica aún más la
situación y como siempre los efectos fundamentales
recaen en las personas más débiles y necesitadas,
influyendo en el retraso de soluciones más evolucionadas.
-
El hambre conviviendo impúdicamente con la abundancia,
aunque en la misma, a veces, muramos de anorexia, sin llegar
a entender que una y otra se encuentran íntimamente
relacionadas en su origen.
-
Una cultura caracterizada por el individualismo, como elemento
antitético al grupo, sin querer saber que es el grupo
quien compone al individuo y éste a su vez conforma
al grupo, que estamos todos en la misma barca, y el devenir
de uno solo nos refiere a todos y a todos compromete. Un
contexto que no tenga en cuenta al último, en el
que no quepamos todos, es un contexto peligroso, escindido
e injusto.
Nos encontramos en un momento de depresión y pesimismo
social colectivo, donde a unos les falta lo necesario, otros
sufren por no saber qué hacer con todo lo que tienen
fuera, pero que al carecer de lo que requieren dentro de sí,
no les sirve, pese a aparentar una satisfacción por el
contraste con los desheredados y hambrientos en donde proyectan
sus temores y salen airosos en sus comparaciones, acallando
temporalmente el sonido de sus carencias. Si bien la abundancia
se encuentra del lado de los países desarrollados, la
solidaridad se halla del lado de los países más
humildes.
Es posible que en el futuro tengamos que redescubrir que las
relaciones humanas comprometidas, en las que se establece una
comunicación profunda, instalada en la renuncia, la generosidad
y el agradecimiento mutuo como ingrediente de continuidad permanente,
siguen estando vigentes, o más bien, son lo más
vigente a lo que el ser humano puede acceder, ya que siguen
siendo un reto de evolución, aunque la modernidad se
haya confundido con la superficialidad, el pensamiento de lo
concreto, el engaño, la prevalencia de lo falso y el
individualismo megalomaníaco.
Cuando vamos en contra de nuestra naturaleza, cuando negamos
lo obvio, cuando reprimimos lo evidente, lo negado aparece invadiéndolo
todo, de forma dramatizada y distorsionada, con una intensidad
y un dramatismo mayor. Individual y colectivamente, cuando estamos
parasitados por el miedo, nos vemos eligiendo, indefectiblemente,
el camino de la confirmación del mismo.
4.
Conclusiones
Finalmente, y a modo de recapitulación de lo expuesto,
subrayaré algunas de las ideas desarrolladas más
arriba:
-
Sufrimos fundamentalmente de estupidez y no de maldad como
habitualmente pretendemos, -aunque resulte duro aceptarlo
para nuestro narcisismo-. La estupidez y el primitivismo
en los que nos encontramos nos impiden ver lo obvio.
-
En los momentos de transición social (verdaderas
adolescencias), se provocan roturas estructurales que generan
fragmentaciones, que impiden ver el sentido de la globalidad.
En estos contextos escindidos, los seres humanos, empequeñecidos
y asustados, buscan líderes que les conduzcan desde
la compulsividad del miedo. Frecuentemente, en estas circunstancias
la elección recae en falsos líderes (charlatanes)
que cobran de ese modo un protagonismo insospechado en otras
circunstancias (Hitler y otros dictadores en la historia
son buenos ejemplos).
-
En el momento actual, ensalzamos lo superficial y desvalorizamos
lo profundo, raíz de nuestra permanente insatisfacción
y del miedo. Negamos la indefensión inherente a nuestra
naturaleza y proclamamos nuestro poder. La indefensión
negada nos aboca al individualismo, insolidaridad y desintegración.
La indefensión aceptada y compartida nos lleva a
la solidaridad y complementariedad creativa.
-
Nuestras familias se pueden constituir en nuestros mejores
aliados o en los peores obstáculos para el desarrollo
de la vida. (Frecuentemente, en el espacio social proyectamos
por extensión muchos de nuestros conflictos familiares).
-
El miedo a la muerte esconde el miedo a la vida, proyectado
en ella.
-
La muerte negada nos conduce a una vida vacía de
sentido y trascendencia.
-
La
generosidad humana, consecuencia de nuestra madurez, al
igual que el agradecimiento por lo recibido de los demás,
encuentra su máxima expresión en el acompañamiento
en los últimos tiempos de vida a nuestros semejantes.
De nuestra capacidad de acompañar a nuestros mayores,
a las personas enfermas, más cuando éstas
se encuentran desahuciadas, derivará nuestra confianza
en los demás, pudiendo esperar y confiar en ser asistidos
en similares circunstancias. El agradecimiento y la generosidad
siguen siendo la inversión más rentable de
cuantas el ser humano pueda realizar, no pensando en los
demás sino en sí mismo y en la rentabilización
que en forma de satisfacción y confortabilidad existencial
se extrae.
-
Cuando enfocamos el acompañamiento a las personas
con graves enfermedades con una clara apuesta por la vida,
no hay murientes sino personas viviendo los momentos más
trascendentes de su vida y personas alrededor, participando
emocionalmente de este momento. Murientes o somos todos
o no lo es nadie.
-
El mejor duelo es una buena vida. La mejor despedida es
la apuesta por la continuidad de la vida, hasta el último
momento. No hay que enterrar a nadie en vida, ni ir a acompañarle
en el sentimiento cuando se está muriendo. No puede
utilizar el poco tiempo del que dispone en tranquilizar
a los de alrededor.
-
En estos procesos, como en todos, la psiquiatría
ocupa un lugar modesto, eficaz pero apenas perceptible.
El interés y la sinceridad son nuestros principales
instrumentos para no equivocar.
-
La psiquiatría no puede avanzar al margen del sentido
común, que es donde se encuentran sus raíces
más profundas, sino como continuidad y complementariedad
del mismo.
Que no tengamos hoy explicaciones para entender todos los sentidos
de la vida y, fundamentalmente, el de la existencia de la muerte,
no significa que no los haya. Son muchos los sin sentidos con
los que vivimos. Cuantas explicaciones mágicas en otro
tiempo han sido sustituidas por explicaciones científicas
en el momento presente. Caminamos hacia la luz del entendimiento,
aun avanzando ocasionalmente en zigzag. Hoy, en el mundo que
comienza a despertar, nos es imposible predecir los nuevos sentidos
que, dormidos, esperan el despertar en tiempos futuros.
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