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Resumen
En
los momentos de transición social (verdaderas adolescencias)
se provocan roturas estructurales que generan fragmentaciones,
que impiden ver el sentido de la globalidad. En estos contextos
escindidos los seres humanos, empequeñecidos y asustados,
buscan líderes que les conduzcan desde la compulsividad
del miedo. Frecuentemente, en estas circunstancias la elección
recae en falsos líderes (charlatanes) que cobran de ese
modo un protagonismo insospechado en otras circunstancias.
Que
no tengamos hoy explicaciones para entender todos los sentidos
de la vida y, finalmente, el de la existencia de la muerte,
no significa que no los haya. Son muchos los sin sentidos con
los que vivimos. Cuántas explicaciones mágicas
en otro tiempo han sido sustituidas por explicaciones científicas
en el momento presente. Caminamos hacia la luz del entendimiento,
aún avanzando ocasionalmente en zigzag.
Hoy, en el mundo que comienza a despertar, nos es imposible
predecir los nuevos sentidos que, dormidos, esperan el despertar
en tiempos futuros.
Palabras clave: Transición. Fragmentación.
Falsos líderes. Futuro.
Summary
During periods of social transition (i.e.. adolescence) structural
ruptures which generate fragmentations take place, and this
prevents us from seeing the meaning of global personality evolution.
Within these split contexts, shrunk and bewildered human beings
search for leaders who will shelter them from fear. Under these
circumstances false leaders are frequently chosen. These leaders
become very important, something that would not be feasible
under other circumstances.
The fact that at present we do not possess explanations for
all meanings of life, nor do we understand the existence of
death, does not mean that explanations do not exist. We live
with many things that make no sense to us. So many magical explanations
from other periods have been substituted nowadays by scientific
explanations. We are approaching understanding, although at
times in zigzag.
Nowadays, in an awakening world, it is impossible for us to
predict new meanings which at present are lying under the surface,
awaiting wakening some time in the future.
Key
words: Transition. Fragmentation. False leaders. Future.
1.
Preámbulo: El efecto de la muerte en los vivos
En
el presente trabajo voy a referirme a obviedades de la vida
cotidiana, por lo que ruego de antemano disculpas. Frecuentemente
he experimentado en mí mismo y en los demás que
lo más difícil es ver lo obvio y oír lo
estruendoso, situación que nos confunde en nuestros sentimientos
e interpretaciones.
Vivimos momentos caracterizados por la anestesia que supone
la abundancia, y el miedo a pensar, entender y analizar se ha
impuesto culturalmente, como si el no ver hubiese supuesto para
el ser humano en alguno de los tiempos vividos una protección.
En realidad, la regresión y la negación constituyen
un riesgo, el mayor riesgo, pues imposibilita soluciones. Los
descubrimientos científicos han puesto en nuestras manos
una diversidad de posibilidades nuevas y poderosas que requieren
de seres integrados psicoemocionalmente, seres maduros, capaces
de integrar positivamente el sentido y el destino de estas adquisiciones,
evitando el riesgo potencial que un camino equivocado puede
suponer para todos. Todo instrumento científico posee
una capacidad creativa directamente proporcional a la destructiva,
por lo que no basta con su descubrimiento. Es básico
el sentido que se le dé a su utilización. Frecuentemente,
el miedo y el rechazo que provocan muchos descubrimientos, tienen
más que ver con la posibilidad de una inadecuada utilización
que con el avance que siempre suponen para el desarrollo del
conocimiento.
La muerte, con ser una de las experiencias más cotidianas
de los seres humanos, no puede ser experimentada por los vivos,
por lo que nadie puede hablar con certeza del conocimiento de
ella. Nadie ha regresado después de haber estado muerto
para narrar su experiencia, por lo que el conocimiento que de
ella poseemos es un conocimiento superficial, deductivo de lo
que experimentamos en nuestro trabajo en el acompañamiento
de personas gravemente enfermas y en los últimos momentos
de su existencia, o de las hipótesis que nos formulamos
sobre lo que deben de sentir y pensar. No es un conocimiento
vivido y experimentado por nosotros con la totalidad de nuestro
ser. ¡El conocimiento racional es tan superficial que
no sirve para aprendizajes profundos! Lo podemos aprender pero
no aprehender, no lo podemos hacer profundamente nuestro. ¡Qué
más nos gustaría que transmitir a nuestros hijos
nuestra experiencia vital, para evitarles el alto coste pagado
en su adquisición! Desgraciadamente, necesitan la experiencia
de sus aciertos y errores para considerarlas propias. Las que
les ofrecemos sólo corresponden para ellos al mundo de
las referencias externas, deseos y posibilidades.
El que no podamos morirnos un tiempo y resucitar posteriormente,
condiciona que las teorizaciones e ideas que sobre la muerte
formulamos, no pertenezcan a ella sino que sean aspectos proyectivos
de lo conocido por nosotros, que es la vida. El concepto de
muerte se comporta, por lo tanto, como una pantalla en la que
se proyectan experiencias vividas agradables o desagradables,
deseos y temores, haciendo que de ella existan tan diversas
interpretaciones: para unos terrorífica, para otros esperanzadora;
el fin de todo, el comienzo de todo; la duda, la certidumbre.
La existencia de tantas explicaciones y sentidos implica, efectivamente,
que ninguna de ellas sea concluyente ni satisfactoria, teniendo
que aceptar el hecho de que hoy por hoy la muerte sigue existiendo
como un "sin sentido" que todo humano ha de aprender
a aceptar para poder vivir dignamente. ¡Son tantos los
"sin sentidos" con los que tenemos que aprender a
convivir!¡Es tan poco lo que sabemos, que su aceptación
supone el estímulo necesario para seguir en la investigación
y la búsqueda de conocimiento!
Pronto o tarde, si uno vive lo suficiente, tendrá que
confrontarse: primeramente a la experiencia de la muerte de
los de alrededor y, finalmente, a la de uno mismo, por lo que
es conveniente interesarse por esta asignatura, tan fundamental
en la vida de todos.
La vida es, ante todo, un proyecto mental. Sin él no
hay vida, pese a que en el cuerpo el corazón siga latiendo.
Asistí a la familia de un muchacho, que fue hospitalizado
por un traumatismo craneoencefálico que le produjo un
estado de coma irreversible, encontrándose vivo sin ayudas
especiales. La demanda de los padres consistía en la
posibilidad de precipitar el débito del hijo, pese a
que éste había sido un hijo querido y deseado.
Sin conciencia no reconocían en él la vida. Sin
conocimiento, ni memoria, ni historia pasada, ni proyección
de futuro, lo más puramente humano se ha desvanecido.
No es el mismo sufrimiento la institucionalización de
nuestros seres queridos, cuando éstos han padecido un
deterioro mental con un tipo de demencia, que con cualquier
otro tipo de enfermedad física. Por poner la situación
contraria a la desarrollada, nos encontramos con personas con
grandes dificultades físicas e incapacidades que mantienen
una calidad de vida que para sí mismas querrían
otras personas con problemas psíquicos que por el contrario
poseen una buena salud física. A cuántos muertos
vivientes asistimos en los servicios, personas cuya vida mental
supone un encefalograma plano, los denominemos como los denominemos.
¿Cómo
ayudar en el sostenimiento de los proyectos vitales y, por lo
tanto, de la vida, a los pacientes cuyas enfermedades implican
una esperanza de vida próxima? Éste y no otro,
es, en mi opinión, el compromiso fundamental de la psicología
y de la psiquiatría con los pacientes desahuciados por
la ausencia de métodos terapéuticos eficaces.
2.
Los hechos
Los seres humanos viven desde su nacimiento en permanentes interdependencias
mutuas. Una independencia total en el ser humano es imposible
por su propia naturaleza, aunque la encontremos como deseo delirante
en el pensamiento de algunos pacientes mentales graves. Existen
diferentes grados de desarrollo y autonomía, adquiridos
tras múltiples y complejos procesos de separación,
acaecidos en la vida de cada uno y en relación con los
de alrededor. Cada separación exitosa -realizada desde
lo amoroso y con una prevalencia de agradecimiento-, implica
una presencia de recuerdos y aspectos de la persona separada
en nosotros, que nos sirve de acompañamiento interno,
posibilitando una autonomía cada vez mayor. El hecho
de que uno pueda estar solo sintiéndose acompañado,
implica contar con este tipo de compañías internas.
También se da la situación contraria: las separaciones
fallidas -realizadas desde lo agresivo y con una prevalencia
del resentimiento-, que implican una imposibilidad de incorporación
y, consecuentemente, de separación, dificultando nuestra
capacidad para estar solos, pues la soledad es vivida y confundida
con el abandono. No se cuenta con las compañías
internas necesarias, y por el contrario uno se siente parasitado,
que no acompañado, por el recuerdo de otras compañías
en las que ha prevalecido el resentimiento, desconfianza y enfado,
empeorando más la situación. Los otros siempre
nos componen y acompañan de una u otra manera.
Ambas situaciones pueden ser perfectamente visibles en todas
sus variedades en la adolescencia y en cómo nuestros
adolescentes intentan exitosa o fallidamente separarse de sus
adultos significativos: desde identificaciones positivas e incorporaciones
de ideales y objetivos altruistas, con intereses por la comunicación
y el entendimiento sincero y espontáneo o, por el contrario,
desde posiciones de desconfianza y rabia, que implican una confusión
insoportable, relaciones profundamente ambivalentes, dilemas
de amor y odio, de necesidad y rechazo, de un vacío que
ha de ser llenado a cualquier precio, con sensaciones intensas,
más potentes cuanto más vacío, aventuras
con riesgos excesivos, la toma compulsiva de substancias y de
alcohol, la destrucción de enseres y actitudes antisociales,
son, en definitiva, algunas de sus manifestaciones más
frecuentes. La precariedad de sus identidades les lleva a la
adquisición de pseudoidentidades, de las que la identidad
a la contra es una de las más conocidas y frecuentes
(afirmarse en un intento de ser en la confirmación de
lo contrario de lo que son las personas que le sirven de referentes).
Cuando no se cuenta con autonomía propia, uno se halla
indefectiblemente dependiente de los demás y del mundo
externo que nos rodea, el consumismo es uno de sus síntomas.
Se vive para afuera, la intimidad se ve dificultada por confusa
y dolorosa, por lo que se evita en lo posible y uno, sin apenas
darse cuenta, se encuentra huyendo de sí y se convierte
finalmente en un extraño, en un desconocido de sí
mismo.
Los vínculos de los primeros años son más
concretos, estables, íntimos e intensos; con el tiempo,
y tras los procesos de separación y de maduración
necesarios, los vínculos se hacen más superficiales
y móviles, dilucidándose en ellos necesidades
menos profundas y fundamentales. De la elaboración suficiente
de la frustración y el dolor de éstas separaciones,
derivará la posibilidad de estar solo y la aceptación
de la soledad existencial en la que los seres humanos nos encontramos,
una soledad acompañada a través de la comunicación
y resonancia emocional con los otros, que suponen un soporte
necesario para la posibilidad de la vida individual.
2.1.
La muerte siempre supone una sorpresa y un inconveniente
Cuántas personas me han referido una y otra vez el inconveniente
del momento en el cual se ha producido la muerte del ser querido;
como si la muerte pudiera ser programada en función de
la conveniencia o no del interesado, en este caso y frecuentemente,
del interesado. Ahora que nos encontrábamos en el mejor
momento, tan joven, tan niño, se acababa de jubilar,
con los proyectos que tenía, con la ilusión que
le hacía ir y hacer tal o cual cosa. Lo habitual es que
la muerte sea un inconveniente a cualquier edad y momento. En
pocas ocasiones la muerte llega en el momento que interesa al
implicado en ella, facilitando su aceptación a las personas
de su entorno, quienes las pueden aceptar más resignadamente
por este hecho.
2.2.
Matar al mensajero
Hay noticias que a uno no le gustaría recibir jamás.
Qué gran compromiso para los profesionales de medicina
el dar noticias que, a priori, implican situaciones difícilmente
asumibles por sus receptores. Con relativa frecuencia, el impacto
de la noticia se vuelve en contra del profesional que la da,
ya sobrepasado por la dificultad del encargo. El profesional
sanitario, cuanto más sobrepasado y temeroso se encuentre,
mayor será la dificultad que tenga para plantear las
noticias traumáticas de forma sensible y empática.
Aceptando la brusquedad, la forma inoportuna y hasta chabacana
del planteamiento que realizamos muchos profesionales y aceptando
asimismo la vulnerabilidad de quien recibe un impacto de esta
naturaleza, estos hechos no justifican que en los años
posteriores se confundan con la situación traumática
y la existencia de un dolorimiento difícilmente digerible
y aceptable psíquicamente. Hay noticias que son dolorosas
por lo que significan, más allá de quién
las dé, de cómo las dé y del tiempo en
que se produzcan. Es conveniente no confundir estos hechos para
"no confundir el trigo con la paja".
2.3.
La muerte fallida, despertador de vida
Una experiencia que se me ha impuesto ya desde mis primeros
años de ejercicio profesional y se me repite frecuentemente
en unos y en otros, es que: una experiencia de muerte que por
las circunstancias que sean resulta fallida, puede ser un elemento
de entendimiento y cambio de primera naturaleza.
He comprobado mejorías psíquicas notables en personas
tras intentos no manipulativos de suicidio, que por las circunstancias
han resultado fallidos. Evidentemente, otros los repitieron
con mayor éxito posteriormente. En la vida cotidiana
es frecuente que tras un accidente grave, determinadas personas
nos refieran sentirse transformadas, pudiendo fijar un antes
y un después, en su forma de entender y enfocar la vida.
2.4.
Noticias que implican un cambio brusco en la perspectiva vital
Con cuanta frecuencia personas tras análisis y exploraciones
de rutina, entran a los despachos médicos a por un resultado
rutinario y se encuentran frente a un rostro taciturno, circunstancial,
desusadamente distante y tenso. Titubeo en la voz, bueno...
pues, el caso es... la radiografía... una sombra... bueno,
no se piensen, no es nada, pero conviene realizar pruebas un
poco urgentes para descartar... De golpe, fin de lo conocido,
alto en los proyectos, el tiempo detenido. El resto del mundo
continúa, ciego y sordo, con su rutina y sus prisas,
sus tonterías, sus quejas, sus abundancias y excesos,
vividos desde la avidez inconmensurable de estos tiempos. Todo
paralizado, las preocupaciones cotidianas, el qué dirán.
No hay tiempo que perder, la posibilidad de confirmación
de una mala noticia lo invade todo.
Finalmente, ya confirmado el diagnóstico severo y tras
el proceso previo a la aceptación, la reconciliación
con los seres cercanos impone un balance de lo importante y
lo secundario completamente diferente a los que habían
regido nuestra vida hasta entonces. ¡Con cuanta claridad
se distingue en estas circunstancias lo auténtico de
lo falso!
Muchas personas nos relatan que los únicos tiempos en
los que se sintieron vivos fueron, precisamente, estos últimos,
como si ellos justificasen en sí mismos toda su vida.
Si el acompañamiento es el adecuado, cuanto agradecimiento,
qué claro lo importante, con cuanta frecuencia afirman
estas personas sentir -como si su existencia se hubiese iluminado-,
con cuanta claridad aparece lo obvio ante sus ojos, anteriormente
cegados por la pequeñez, el miedo y el engaño.
Cuantos momentos reflexivos en estos tiempos. La mejor herencia
que uno puede tener de un ser querido, es el agradecimiento
y el reconocimiento de éste al que se le ha acompañado
a vivir hasta el segundo posterior a su débito. ¡Cuánto
corremos para ir a ninguna parte! ¡Cuanta robotización
y anestesia mental en un contexto cultural engañoso que
nos aleja de nosotros mismos! ¡Cuanta superficialidad
y cuanto engaño!
Aunque no siempre, es frecuente que pacientes graves, con vidas
caóticas cobren un orden y un funcionamiento mental más
realista y adecuado, tras una noticia que implique la proximidad
de la muerte. He asistido a algunos pacientes toxicómanos
con cambios espectaculares a raíz de habérseles
diagnosticado el SIDA. La muerte es el límite a la locura.
Ante ella desaparecen las fantasías y delirios; durante
la Guerra Civil Española, el hospital psiquiátrico
donde ejercí en mis primeros años, quedó
prácticamente vacío de pacientes, habiendo sido
ocupado por personas que huyendo de la guerra, encontraban refugio
seguro en el mismo. La muerte es deseada, como mal menor, en
muchos padecimientos psíquicos, pero de ello hablo en
el siguiente apartado.
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