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Ahora
bien estos fenómenos que se visualizan con bastante claridad
en el grupo grande también se perciben en el grupo pequeño.
Y así el sujeto, transferencia mediante, actualiza en
el grupo las relaciones consigo mismo, con su cuerpo y su fisiología;
y también la constelación relacional que ha ido
condicionando su vida, y por lo tanto sus relaciones emocionales
con los miembros de su grupo familiar; y al tiempo lo social
se introduce en el grupo activando las mismas estructuras y
preocupaciones sociales que le son propias de la misma forma
que se activa la reproducción de las problemáticas
institucionales del contexto en el que el grupo se realiza.
De esta forma, los miembros del grupo se encuentran ante la
gran posibilidad de revisar toda la complejidad de aspectos
que atañen a su ser humanos: desde los afectivos a los
del pensamiento. Como dice Pat de Maré Mientras que el
problema de la gente en los grupos pequeños es cómo
sentir espontáneamente, los problemas en el grupo grande
son cómo pensar (1975: 152).
Hasta
aquí, lo que hemos visto es que entre el individuo y
la sociedad se establece una vinculación que indistintamente
pasa del individuo a la sociedad. Ahora bien, ¿cómo
aparece esta vinculación?
Volvamos
a Klein. Su trabajo sigue aportando varias ideas sobre el sí
mismo, la proyección, la introyección y nos indica
algo que me parece también muy sugerente; hablando de
estos mecanismos, dice:
Sin embargo, la introyección y la proyección,
aunque arraigadas en la infancia, no son procesos exclusivamente
infantiles. Forman parte de las fantasías del niño,
que, según mi criterio, también actúan
desde el comienzo y ayudan a moldear su expresión del
mundo circundante; y, por introyección, ese cuadro modificado
del mundo externo influye sobre lo que ocurre en su mente. Así
se constituye un mundo interno que es, en parte, un reflejo
del externo. Es decir, el doble proceso de introyección
y proyección contribuyen a la interacción de los
factores externos e internos, la cual continúa a través
de todas las etapas de la vida. Del mismo modo, la introyección
y la proyección persisten durante toda la vida y se modifican
en el curso de la maduración, pero nunca pierden su importancia
en la relación del individuo con el mundo circundante.
(1988: 254)
Es decir, introduce la idea de una interrelación permanente
entre el sujeto y el mundo externo a partir de los mecanismos
de introyección y proyección. Estos procesos se
dan en el seno del grupo de psicoterapia; pero con una pequeña
variación respecto el resto de grupos. En los de psicoterapia
son la expresión de las características individuales
que nos permiten la comprensión de la personalidad de
cada miembro en la medida que coloca en el grupo sus aspectos
personales. Pero también porque el grupo en sí,
representa y es a la vez representación del complejo
mundo de objetos parciales y totales a partir de los que cada
sujeto constituimos nuestro mundo interno. Estos objetos parciales
y totales son aquellos que guardan relación con los biológicos,
fisiológicos, psíquicos y sociales del ser humano.
Es decir, incluyen toda la gama de aspectos constitutivos del
hombre desde los más íntimos y personales a los
más sociales, culturales, religiosos y políticos
de su existencia.
Si consideramos que el proceso terapéutico grupal surge
de la revisión de las relaciones que el yo establece
con todos y cada uno de los objetos que conforman su mundo interno,
es decir, de la reevaluación y reconsideración
de los afectos, de los significados y de las fantasías
que giran en torno a estos objetos internalizados; y también
de las relaciones que el yo establece con estos aspectos de
su mundo interno expresadas en las relaciones que el individuo
establece con cada una de las partes del grupo en el que se
encuentra, entonces podremos pensar en la psicoterapia de grupo
como el espacio mental en el que se da este proceso.
O
lo que es lo mismo, el miembro del grupo se ve abocado a verse
ante una serie de personas que acaban siendo una reproducción
parcial de su mundo interno. Ante ellas tiene que buscar formas
de relación diferentes lo que le supone revisar sus relaciones
familiares y sus relaciones sociales así como sus relaciones
consigo mismo. Todo ello, se aprende y se practica en el propio
grupo, siendo así un espacio de experimentación
y reaprendizaje ; y al tiempo, de revisión de formas
ancladas en su biografía y que le han ido impidiendo
una adaptación más adecuada al entorno familiar
y social.
Pero sabemos que esto no es fácil. Que en el grupo se
activan mecanismos complejos que paralizan el ritmo grupal,
enlentecen los procesos de pensamiento, se activan y se expresan
emociones que corresponderán no sólo a los aspectos
internos que se reviven sino a otros que tienen que ver con
el aquí y ahora del grupo. En muchos momentos, la dificultad
de comprensión es suficientemente elevada como para poder
activar los mecanismos pensantes que permitirían una
mayor comprensión y la activación de los recursos
yoicos. El sujeto con frecuencia señala que no puede
entender tal o cual situación, es decir, que no encuentra
la forma de incorporarla a su mundo interno.
Dado
que la ansiedad, derivada de la dificultad de comprensión
y de la aparición de emociones, es elevada, el sujeto
pierde, incluso, los mecanismos yoicos necesarios para una adaptación
más ajustada a la realidad. Y los que el grupo le puede
ofrecer son, en ocasiones, difícilmente asumibles por
el sujeto que ha perdido, en estos momentos, el control sobre
sí mismo. El mecanismo de proyección está
muy activado dado que el sujeto no puede más que "expulsar
de sí" aquella situación que percibe como
intolerable; intolerable porque no sólo expulsa de sí
lo que no puede tolerar, sino que además, se identifica
con lo expulsado. Se ha activado el proceso de identificación
proyectiva.
En
estas ocasiones el sujeto ha perdido una de sus capacidades
innatas y que le permitirían sobrevivir a la experiencia
afectiva de la misma forma como en otras ocasiones quizás
pudo hacerlo: la capacidad de diferenciación. El yo no
puede discriminar en estos momentos la cantidad de aspectos
que percibe, no puede comparar, diferenciar y delimitar los
componentes expulsados, por lo que no puede diferenciar ni diferenciarse
de los mismos. El mundo así, es un caos; el grupo también.
¿Cómo se llega a este punto?
La Dra. Torras de Beà, me aportó las siguientes
ideas que aparecen en uno de sus trabajos:
Se han descrito dos funciones principales de la identificación
proyectiva: la comunicativa y la defensiva. La diferenciación
es, desde el nacimiento, el elemento esencial de la identificación
proyectiva comunicativa, en donde se mantiene el contacto con
los objetos "proyectados"La disociación (o
splitting) es el mecanismo fundamental de la identificación
proyectiva defensiva, en la que las partes están divididas
y aisladas
La diferenciación es una capacidad que el bebé
normal ejerce desde el nacimiento, si bien de una manera rudimentaria,
aunque recurra a la disociación cuando la diferenciación
fracasa debido a la ansiedad demasiado intensa. La disociación
puede ser el principal mecanismo utilizado desde el nacimiento
cuando el bebé está demasiado ansioso por razones
internas o externas traumáticas. (1989:1)
Siguiéndolas, parece que con la activación del
mecanismo disociativo
el yo pierde la capacidad de establecer una relación
con el otro que le resulte estructurante. Es decir, ha perdido
la posibilidad de articular los diversos objetos parciales o
totales, y ordenarlos de forma que aquellos que le posibilitan
una articulación creadora se mantengan a salvo de aquellos
que parecen encarnar la posibilidad confusionante y destructiva.
Sabemos que la pérdida de dicha capacidad se debe a la
vivencia amenazante de los aspectos destructivos que activan
vivencias de caos y desestructuración habidos a lo largo
de su vida y que se actualizan en el grupo.
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